Para muchos,
conducir acompañado de música o radio es casi un ritual. Los trayectos diarios se vuelven más amenos, y las canciones favoritas nos acompañan entre semáforos y curvas. Sin embargo,
hay momentos en los que la experiencia cambia: al aprender a conducir o al enfrentarnos a maniobras complejas,
lo habitual es bajar el volumen o apagar la música por completo.
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