Se insta a la población a seguir la 'regla' de los radiadores para reducir la factura de la luz
Con la llegada del invierno y el aumento del consumo energético en los hogares, los expertos en eficiencia energética están alertando sobre un error muy común que puede estar encareciendo innecesariamente la factura de la luz y la calefacción.
El error habitual: poner los radiadores al máximo
Muchas personas tienden a girar el regulador del radiador hasta el nivel más alto pensando que así la habitación se calentará antes o mejor. Sin embargo, en la mayoría de los casos esto no es necesario.
Ajustar el radiador al máximo permite que circule una gran cantidad de agua caliente, lo que obliga a la caldera a trabajar más tiempo y consumir más energía de la necesaria.
Los especialistas advierten que tener todos los radiadores en el nivel más alto puede traducirse directamente en facturas más elevadas, sin que ello suponga una mejora real del confort.
La “regla” recomendada para ahorrar energía
La recomendación general es no superar el nivel tres en los radiadores, salvo en la estancia donde se encuentre el termostato principal.
Este ajuste suele ser suficiente para mantener una temperatura agradable, cercana a los 20 C, en espacios de uso habitual como el salón.
En habitaciones más grandes o en momentos puntuales de mayor frío, se puede subir ligeramente el nivel, pero siempre de forma moderada.
¿Qué ajustes son ideales según la habitación?
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Salón o estancia con termostato: nivel tres como referencia, suficiente para un ambiente confortable.
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Dormitorios: niveles entre dos y tres. Las temperaturas más frescas favorecen el descanso y reducen el consumo.
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Zonas poco usadas: niveles bajos o incluso apagados, siempre que no afecten al equilibrio del sistema.
Estos ajustes permiten mantener temperaturas aproximadas entre los 15 y los 20 C en dormitorios, evitando un gasto excesivo durante la noche.
Cómo funcionan el termostato y las válvulas
El termostato indica a la caldera cuándo debe encenderse para alcanzar la temperatura deseada. Por su parte, las válvulas termostáticas de los radiadores regulan cuánta agua caliente entra en cada radiador. Si ambos sistemas no están bien coordinados, se produce un desperdicio de energía.
Por ejemplo, si el termostato está configurado para alcanzar 20 C en una habitación donde el radiador está casi cerrado, la caldera seguirá funcionando sin descanso, enviando agua caliente por el circuito sin que llegue a calentar adecuadamente la vivienda.
