Los tentáculos de la violencia machista son dolorosos latigazos que alcanzan más allá de la principal víctima: la mujer. El reguero de daño se extiende a la familia, amigos, compañeros y, especialmente, a los hijos . Difícil encontrar una situación más dramática. Esos niños y niñas pierden en un instante, de manera abrupta e inocente a su madre y a su padre; la primera asesinada, el criminal entre rejas o también sin vida por su posterior suicidio. El desamparo de los vástagos, sobre todo si son menores o jóvenes aún en desarrollo, provocó que la Junta de Andalucía reaccionara con una prestación económica para esos hijos e hijas huérfanos cuyas madres habían sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Un...
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