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Декабрь
2025

El visitante interestelar que nos mira de cerca: 3I/Atlas

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Más importante que nuestra mirada sobre este objeto de otras galaxias es su mirada hacia nosotros: una que precede los tiempos en los que nuestro sistema solar existía. Cuando pensamos en el espacio, en el cosmos, lo concebimos como un sitio con dos «casi» ineludibles: casi vacío y casi atemporal. La ciencia nos ha mostrado que nos equivocamos en ambas. Y, lo increíble es que podemos comprobarlo nosotros mismos, sin necesidad de ayudas externas ni creencias.

La respuesta está en un objeto llegado de otra galaxia, una pieza del puzle astronómico que desconocíamos y que (oh, sorpresa) no sería tan rara, habría miles como ella, solo que aún no las hemos detectado.

La pieza en cuestión responde al nombre de 3I/Atlas, es el tercer objeto interestelar confirmado que atraviesa nuestro sistema solar y mañana se producirá su mayor acercamiento a la Tierra, una oportunidad extraordinaria para estudiar en detalle lo que podría ser una ventana hacia sistemas planetarios ajenos al nuestro.

Los objetos interestelares son como faros apagados de otros rincones de la galaxia: no orbitan alrededor del Sol, sino que llegan de fuera, viajan a alta velocidad (3I/Atlas es el más veloz jamás detectado) y continúan su viaje hacia el infinito. Su estudio promete respuestas sobre cómo se forman los sistemas planetarios y qué condiciones dominan más allá de nuestro vecindario cósmico. En pocas palabras: nos muestra los límites de nuestra comprensión forzando a mirar más allá.

3I/Atlas fue descubierto en 2025 por el sistema de observación automatizado Atlas (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System). Poco después de su hallazgo, los datos orbitales confirmaron una característica que lo define: una trayectoria hiperbólica, lo cual significa que su velocidad y camino no están ligados al Sol. Vino del espacio interestelar y, después de cruzar por el sistema solar interior, seguirá su camino fuera de él. No es un cometa convencional ni un asteroide que fue expulsado desde nuestro propio sistema, sino un viajero de otra estrella que hizo una visita fugaz.

La velocidad con la que se mueve 3I/Atlas (superior a los 210.000 km/h) es demasiado alta para que la gravedad solar lo retenga. Esa rapidez, combinada con su trayectoria, descarta cualquier órbita cerrada y confirma su origen ajeno al sistema solar.

Una de las preguntas más fascinantes es precisamente de dónde proviene. ¿Nació en un disco protoplanetario de una estrella lejana? ¿Fue expulsado por interacciones gravitatorias complejas en un sistema exoplanetario caótico? Por ahora, esas preguntas permanecen sin respuesta, pero cada nueva observación nos acerca un poco más a comprender cómo surgió.

Pero 3I/Atlas no se limita a ser un cuerpo lejano que pasa de largo. Desde su descubrimiento, ha mostrado características que han desconcertado a los científicos. Primero, su brillo: se ha observado que su luminosidad ha cambiado de maneras que no se ajustan exactamente al modelo estándar de actividad cometaria. En los cometas del sistema solar, el brillo crece cuando se acercan al Sol y los hielos subliman, liberando gas y polvo. Pero el comportamiento de 3I/Atlas no coincide del todo con ese patrón clásico. También su cola ha aparecido y evolucionado de maneras inusuales. La mayoría de los cometas tienen colas que se extienden en dirección opuesta al Sol, empujadas por el viento solar. En ciertos momentos, ha desarrollado estructuras que reúnen características de colas cometarias, pero con formas o orientaciones que no siempre son fáciles de interpretar.

Estas observaciones han alimentado especulaciones, desde explicaciones físicas (componentes volátiles inusuales, geometrías complejas de emisión) hasta hipótesis más atrevidas sobre estructuras que no veríamos en objetos naturales (alias tecnologías alienígenas).

Más allá del brillo cambiante y de la cola peculiar, 3I/Atlas llama la atención por la composición de su coma (la nube de gas y polvo que lo rodea), que todavía está en estudio. Los análisis espectroscópicos preliminares sugieren la presencia de volátiles que se descongelan a grandes distancias del Sol, lo que añade otra capa de complejidad. Si se confirma una química fuera de lo típico de los cometas del sistema solar, podría indicarnos diferencias profundas en la formación de cuerpos menores en otros sistemas estelares.

Su velocidad, como ya se mencionó, es otra de sus señas de identidad. En mundos donde los objetos están ligados por la gravedad de una estrella durante miles de millones de años, que un cuerpo llegue con la suficiente energía como para cruzar sin detenerse es un recordatorio de la vibrante dinámica de la Vía Láctea.

La NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), entre otros, ya están pensando en estrategias para detectar y estudiar más objetos interestelares.















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