El Sevilla de Matías Almeyda mantiene como puede el pulso competitivo en otra temporada complicadísima, sin fondo de caja para esquivar el atolladero deportivo y con la institución embarcada en un proceso de venta que, lógicamente, despierta incertidumbres entre la afición y en los propios profesionales. El proyecto sobrevive cogido con alfileres, remolcado a duras penas por una de las plantillas con más limitaciones que se recuerdan por Nervión y de la que tira estoicamente la cabeza visible del entrenador, quien, con más virtudes que defectos, agita el árbol y exprime sus exiguos frutos consiguiendo que este pobre Sevilla alcance ya los 20 puntos en la clasificación, prácticamente la mitad del objetivo (real) cuando aún faltan tres jornadas para el...
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