Lumisign: la app que rompe la barrera entre voz y lengua de signos
No superan los 22 años y ya están detrás de una solución que promete transformar la vida de miles de personas sordas. Son Udane Murgia Aramendi, Lucía de la Vega Encinas, Cesia Jemima Chero Catpo y Liliana Tineo Tito, creadoras de Lumisign, la aplicación ganadora del primer premio sénior de la VI edición Hack4Edu 2025 de Profuturo.
Su objetivo no fue diseñar una herramienta tecnológica, sino abrir una puerta de comunicación donde antes solo había silencio. El proyecto nació en la Universidad Pontificia de Salamanca como parte de un reto académico. En realidad, la idea venía de más atrás: una voluntad clara por convertir lo aprendido en clase en un impacto social. «Fue una manera de aplicar lo que estábamos aprendiendo y ayudar a muchas personas», recuerda Lucía de la Vega. La universidad impulsa cada año iniciativas vinculadas a la discapacidad.
Chapas y teclados
Durante casi un año de desarrollo, estas cuatro estudiantes compaginaron asignaturas, prácticas y reuniones técnicas con grabaciones con personas sordas que quisieron ayudarles. El trabajo fue artesanal: grabar, transcribir, entrenar la IA, repetir.
Lumisign integra API Speech Recognition para traducir en ambos sentidos y se estrena con bases de datos de organismos y asociaciones para interpretar con mayor precisión de lengua de signos.
Además, su diseño contempla accesibilidad integral (lectores de pantalla, subtítulos automáticos, navegación por voz y teclados virtuales), algoritmos adaptativos para personalizar el aprendizaje y una arquitectura multilengua de signos preparada para integrar cualquier lengua de signos del mundo, ampliando su alcance más allá del entorno educativo.
«El mayor reto ha sido conseguir esa base de datos porque no existe una oficial y cada persona signa de forma diferente», admite De la Vega. A pesar de la dificultad, nunca se plantearon abandonar.
Mientras otras aplicaciones nacen en laboratorios tecnológicos o empresas consolidadas, Lumisign creció entre aulas, bibliotecas, cafés y hackathones. No se diseñó para un cliente corporativo, sino para un compañero de clase que no podía seguir el ritmo académico sin intérprete.
Cuando la tecnología escucha
La aplicación permite que una conversación fluya entre una persona oyente y otra sorda. Si la persona habla, la app traduce a lengua de signos; si signa, aparece el texto o una voz sintética que reproduce el contenido.
Pero lo más importante, señalan, no es la funcionalidad, sino la sensación de inclusión. «Les gusta sentir que se les escucha, que tienen una voz en la sociedad», subraya. A medida que avanzaba el proyecto, las estudiantes descubrieron la magnitud del problema. Solo en España, más de 30.000 estudiantes necesitan intérprete en clase. Y más allá del aula —en entornos sanitarios, sociales o administrativos— la barrera se amplía. «Es una discapacidad que no se ve, por eso no se suele pensar en ella», explica De la Vega, todavía sorprendida por la cantidad de sectores que han mostrado interés.
Porque el efecto va más allá de la educación: en su recorrido, el equipo ha detectado necesidades en ámbitos sanitarios, agrícolas o de servicios, donde también existen barreras invisibles.
Reacción del público sordo
Las primeras personas que la han probado destacan la rapidez de la traducción y la sensación, dicen literalmente, de «sentirse escuchadas». Para muchas, supone imaginar un futuro sin barreras de comunicación.
La herramienta nació como web, pero pronto evolucionó a aplicación móvil para poder funcionar sin wifi, pensando en quienes no siempre tienen acceso a Internet. El objetivo es que Lumisign sea usable en cualquier situación cotidiana: comprar, pedir ayuda, acudir al médico o resolver un trámite público.
Mientras avanzan en sus estudios, estas cuatro estudiantes han demostrado que la tecnología no solo resuelve problemas: también puede empezar a construir igualdad desde las aulas. El primer premio en Hack4Edu 2025 no fue solo un reconocimiento, sino un impulso para estas cuatro emprendedoras. Instituciones de Roma, Ámsterdam o Suiza ya han contactado con el equipo. Para cuatro jóvenes que aún estudian, supone saberse escuchadas también en un terreno tecnológico dominado por profesionales senior.
Y, sin embargo, no han perdido el enfoque humano. «La IA tiene que ser ética. Usarla para ayudar es lo más importante», sentencia De la Vega. Esa convicción atraviesa todo: desde la elección del problema hasta el nombre: Lumisign. Comunicación sin barreras.
