En su último libro, 'Damas de corona y alcoba', la historiadora y divulgadora Engel de la Cruz (Toledo, 1982) desafía las visiones tradicionales de la historia, al poner en el centro del relato a mujeres cuyas influencias políticas han quedado ocultas, a menudo reducidas a simples amantes o figuras secundarias. A través de personajes como Subh, Leonor de Guzmán o Isabel II, la autora invita al lector a explorar cómo el poder, la ambición y el deseo se entrelazaron en los lechos reales, revelando que la historia de España también se escribió en la intimidad. En esta entrevista con ABC, De la Cruz reflexiona sobre cómo estas mujeres, muchas veces opacadas por las narrativas oficiales, dejaron una huella indeleble en los destinos de sus reinos y en la historia misma del país. —'Damas de corona y alcoba' parte de una idea provocadora: que la historia de España también se escribió en los dormitorios. ¿Qué le llevó a mirar la intimidad como un espacio de poder político? —La intimidad y el poder han estado relacionados desde épocas muy remotas e, incluso, esa relación puede verse en nuestros días. La motivación que me llevó a escribir este libro fue precisamente el mostrar cómo, para bien o para mal, no hemos cambiado tanto. Y darle el protagonismo que se merece a las mujeres en las sombras. —Muchas de las protagonistas han sido retratadas tradicionalmente como amantes, concubinas o mujeres escandalosas. ¿Qué cambia cuando las colocas en el centro del relato histórico? —Es curioso cómo si movemos a los personajes de sitio parece que la historia cambia por completo cuando en realidad los hechos fueron los mismos. Entender que ciertos movimientos o estrategias políticas fueron motivadas por la preocupación de estas mujeres por su familia o por su propia vida, hace que nos demos cuenta del drama latente en la vida de estas mujeres, lejos de la visión frívola que suele tenerse sobre ellas. —¿Qué tienen en común Subh, Leonor de Guzmán o Isabel II más allá de su relación con el poder masculino? —Las tres, pese a que pertenecieron a épocas y culturas muy distintas, fueron mujeres que lucharon por sus intereses y quisieron intervenir activamente en la política de sus reinos en la medida en la que se lo permitieron. Curiosamente, las tres cayeron en desgracia por culpa de aquellos que limitaron su influencia. —Subh, la Vascona, es uno de los personajes que aborda en su obra, pasó de esclava a gobernar un califato entre sábanas. ¿Es uno de los casos más claros de poder femenino oculto en nuestra historia? —¡Sin duda! Subh no sólo se convirtió en la concubina favorita del califa Alhakén II, sino que se convirtió en su consejera y la madre de su sucesor. Introdujo en la corte al joven Almanzor, con quien mantenía una curiosa relación de amor y odio, y gracias a las intrigas de ambos, este caudillo fue ganando cada vez más poder. Esto produjo un cambio de paradigma político cuando Almanzor se convirtió en el nuevo gobernante. —En el libro, deseo y ambición aparecen constantemente entrelazados. ¿El amor fue una debilidad o una herramienta de poder para estas mujeres? —Depende de la situación de cada mujer. Para una concubina, el vínculo amoroso con el rey constituía una poderosa herramienta de poder que se veía reforzada si tenía hijos con él. En el caso de la reina consorte, gozar del amor de su marido preservaba sus intereses y facilitaba su acceso al poder de manera armoniosa. Si estamos hablando de una reina por derecho propio, cuando el objeto de su amor no era su esposo o lo era, pero de manera celosa y desmesurada, no sólo su figura era vilipendiada sino que su poder podía ponerse en tela de juicio. —¿Hasta qué punto la inteligencia y la estrategia femenina han sido reducidas a seducción por la historia oficial? —Hasta tal punto que se sigue acudiendo a ese tópico una y otra vez. La mujer inteligente que ocupa una posición de poder y cuida su imagen, se somete cada día al ojo inquisitivo de los que quieren pensar mal. Pero rara vez aciertan. —Como historiadora y divulgadora toledana, ¿qué responsabilidad siente al contar estas historias desde Castilla-La Mancha? —La historia de Castilla, nuestra tierra, está llena de episodios y personajes poco conocidos que merecen un buen repaso. Mi responsabilidad es dar a conocer esta parte de la historia, y es una responsabilidad que asumo con mucho cariño y alegría. —Después de Comuneros, su anterior obra, vuelve a cuestionar los grandes relatos oficiales. ¿Es una constante en tu forma de entender la historia? —Supongo que sí. Siempre me he visto atraída por lo no convencional y gracias a esa atracción he ido buscando la historia que nunca se cuenta por completo porque es la historia de los perdedores. —¿Nota que el interés por estas historias ocultas de mujeres está creciendo entre los lectores? —Sí, por suerte. Desde antes de publicar Damas ya percibía ese interés y, de hecho, el número de obras que podemos encontrar acerca del papel genérico de la mujer en nuestra historia ha ido creciendo en los últimos tiempos. Esta «historia de historias» que traigo entre manos es mi granito de arena. —¿Qué mujer histórica española sigue pendiente de una revisión justa? —¡Buena pregunta! Casi de manera automática podría decirle Juana I, pero sé de buena tinta que se está trabajando mucho para rehabilitar su imagen. Así que voy a reivindicar a Urraca I de León y Castilla, un personaje fascinante no sólo como reina, fue la primera reina titular que existió en Europa, sino como mujer.