Antes de Nochebuena
Pedro Sánchez se agarró al poder cuando solo tenía 85 diputados a través de una moción de censura forjada con alianzas antinaturales, y se ha negado a soltarlo incluso después de perder las elecciones legislativas de julio de 2023. Pero ahora, su carrera política ha entrado en caída libre y todo apunta a que su salida va a ser rápida y brusca. Las novedades judiciales se suceden a una velocidad que no da tiempo a actualizar la información.
Después de la detención de Leire Díez, del ex presidente de la SEPI y de la cúpula de la aerolínea Plus Ultra, hemos conocido que el juez de instrucción ha abierto pieza separada sobre presunta financiación irregular del PSOE y hemos visto a Santos Cerdán dolido con el Partido Socialista lanzando advertencias a su portavoz en el Senado.
A Pedro Sánchez, el clan del Peugeot le puso en la Moncloa y el mismo clan le va a sacar de la política. No intentan pactar con la fiscalía rebajas de peticiones de pena, el objetivo que mueve a José Luis Ábalos y a Cerdán es mostrar al país que el líder socialista no era ajeno a la presunta arquitectura delictiva. Sea como sea, no hay movimiento de Sánchez, tanto personal como de partido y de Gobierno que no conozcan sus dos personas de confianza que cada vez son más explícitos en sus advertencias.
El domingo se celebran las elecciones en Extremadura. Nunca unos comicios regionales han sido tan importantes para la política nacional porque, si los resultados coinciden con los sondeos electorales que se han publicado, serán la muestra de que la sociedad también rechaza a Sánchez.
Los socios de gobierno se deshacen rebajándose a la categoría de caricatura política y los del bloque de investidura estudian como poner fin a la legislatura y salvar unas elecciones anticipadas. Sin apoyo parlamentario, sin apoyo ciudadano y sospechoso de haber incubado un entramado presuntamente corrupto, a Sánchez no le quedaría más remedio que presentar su dimisión mejor antes de Nochebuena que después.
Es posible que se resista, pero lo más probable es que los movimientos internos en el PSOE se aceleren y sean los más próximos al presidente los que preparen el escenario para el cambio. No es un secreto que ya empiezan a disputarse la sucesión los mejor posicionados y tampoco será una novedad una lucha sin cuartel por el sillón. De lo que no son conscientes unos y otros es de que quedará poco que liderar porque el daño al PSOE es irreversible.
