Posiblemente
Joan Laporta tenga razón en un punto:
Sandro Rosell debió mantener el proyecto de
Norman Foster para el estadio en lugar de impulsar uno nuevo en una ubicación compleja y abandonar el club antes de poner en marcha el
Espai Barça. Sin embargo, la sustitución de la constructora japonesa
Nikken por la turca
Limak Holding fue, probablemente, un grave error.
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