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Декабрь
2025

Dormir mal también enferma: la apnea que México sigue ignorando

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Dormir mal no solo cansa. También enferma. A nivel global, se estima que más de 900 millones de adultos viven con apnea obstructiva del sueño (AOS), una de las enfermedades respiratorias crónicas más comunes y, al mismo tiempo, más subdiagnosticadas. En México, distintas estimaciones coinciden en que al menos una de cada 10 personas adultas podría padecerla, muchas sin saberlo. No se trata de un problema marginal, sino de una condición con impacto directo en la salud pública y en la productividad del país.

Recordemos que la AOS se caracteriza por interrupciones repetidas de la respiración durante la noche. Cada pausa reduce la oxigenación del organismo y fragmenta el descanso. El cuerpo entra en un estado constante de alerta fisiológica que, con el tiempo, deteriora funciones clave. El resultado no es solo somnolencia diurna o cansancio crónico, sino un mayor riesgo de hipertensión arterial, diabetes tipo 2, arritmias, infartos, eventos cerebrovasculares y deterioro cognitivo.

Desde una perspectiva sanitaria, la AOS es un problema silencioso pero costoso. Pacientes con bajo rendimiento laboral, mayor propensión a accidentes de tránsito y laborales, y una creciente demanda de servicios médicos por complicaciones prevenibles. El impacto económico se amplifica cuando se consideran el ausentismo, la pérdida de productividad y el incremento del gasto hospitalario asociado a enfermedades cardiovasculares mal controladas.

Por supuesto, la paradoja es evidente. Se trata de una condición relativamente sencilla de identificar mediante evaluación clínica y estudios de sueño, pero que rara vez se diagnostica a tiempo. En muchos casos, son las parejas o los familiares quienes primero detectan los ronquidos intensos, los jadeos nocturnos o las pausas respiratorias. Aun así, el problema suele minimizarse durante años, normalizado como una molestia menor, hasta que aparecen consecuencias más graves.

Este subdiagnóstico tiene efectos acumulativos. Cada paciente no identificado representa un riesgo cardiovascular latente y un posible ingreso hospitalario futuro. Como sabemos, nuestro país tiene una alta prevalencia de obesidad, diabetes y enfermedades del corazón, por lo cual la AOS debería ser considerada un factor de riesgo prioritario dentro de las estrategias de prevención, y no un tema relegado a la consulta especializada.

Pero no todo está perdido. Existen terapias clínicamente validadas que permiten mantener las vías respiratorias abiertas durante el descanso, mejorar la oxigenación y reducir de manera significativa los eventos respiratorios nocturnos. Un ejemplo es el uso de presión positiva continua en la vía aérea (CPAP, como el AirSense 11), siempre que el diagnóstico sea oportuno y el tratamiento esté indicado y supervisado por personal de salud.

Cuando estas intervenciones se acompañan de cambios en el estilo de vida —control de peso, reducción del consumo de alcohol, higiene del sueño— los beneficios se reflejan no solo en el descanso, sino en la salud cardiovascular y metabólica del paciente.

El verdadero problema es la falta de una estrategia integral que impulse el diagnóstico oportuno que garantice el acceso efectivo al tratamiento. Hoy, la AOS permanece fuera de campañas de concientización, lejos de programas preventivos y prácticamente ausente del debate sobre enfermedades crónicas no transmisibles.

Desde el ángulo económico, la omisión resulta difícil de justificar. Diagnosticar y tratar a tiempo la AOS es significativamente menos costoso que atender sus complicaciones a largo plazo. En un sistema de salud presionado financieramente, apostar por la detección temprana no es solo una decisión clínica, sino una decisión racional de política pública.

Dormir bien no debería seguir siendo un privilegio ni un asunto secundario. Reconocer la AOS como la enfermedad crónica que es implica cambiar la conversación: pasar del síntoma al diagnóstico, de la normalización al tratamiento y de la reacción tardía a la prevención. México tiene pendiente ese cambio, y cada noche que pasa sin atenderlo, el costo sigue creciendo.

Un gran saludo para aquellos que duermen con personas afectadas por la AOS.

Sala de Urgencias

  • Escuchar llamados a la calma frente a nuevas alertas sanitarias debería incomodar, no tranquilizar. México pagó un costo altísimo durante la pandemia de Covid-19 por minimizar riesgos y reaccionar tarde. Aunque hoy no estemos ante una pandemia, subestimar enfermedades y confiar solo en mensajes políticos vuelve a ser una mala señal. La prevención, la vigilancia y la comunicación clara no son alarmismo, son lecciones que no deberían olvidarse tan rápido.














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