Teresa Valdés por dichos de Mara Sedini: “Las ministras de Piñera rápidamente se sensibilizaron y asumieron que aquí había un tema severo”
Este viernes 19 de diciembre nuestro país conmemora el Día Nacional contra el Femicidio. Una de las representaciones más brutales de la violencia de género y que sólo este año registró un total de 48 casos según el registro levantado por la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres.
Algo que, sin embargo, es consecuencia de un problema que la socióloga, investigadora y parte del Observatorio Género y Equidad, Teresa Valdés, define como estructural. Esto, “en el sentido de que la condición de las mujeres es estructuralmente discriminatoria“.
“Cuando piensas lo que significa que, a nivel de las remuneraciones y los sueldos las mujeres sistemáticamente tenemos ingresos inferiores; o al mirar todas las distintas dimensiones que califican el hecho de que estemos subrepresentadas en todos los niveles, hay una situación de ‘violencia estructural’ que tiene que ver con esta cultura que pone a las mujeres en una condición subordinada respecto de un orden basado en lo masculino, en el patriarca, que ha estado reflejado históricamente en la cultura”, puntualizó Valdés.
Lo anterior, no solo al pensar, por ejemplo, en una buena parte de las expresiones religiosas, sino también en los códigos que rigen a nuestra sociedad. “Todavía tenemos un Código Civil de 1855 que, aunque se ha reformado muchas veces, hasta el año 89 establecía la obediencia al marido por ley“, precisó la socióloga.
Lanzamiento de la 17° campaña “¡Cuidado! El machismo mata”, de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres. Foto: ATON.
“O sea, hasta recién el año 89, cuando tú te casabas el ministro del Registro Civil te decía que le debías obediencia al marido. Eso se modificó el año 89, entre los regalitos de fin de la dictadura; que fueron varias las brutalidades que se eliminaron ahí. Pero está esta idea del derecho de los hombres a definir la vida de las mujeres, a tener una preferencia, a ser atendidos, junto a nuestra cultura y socialización, han ido en ese sentido, tanto hacia los hombres como hacia las mujeres”, explicó.
Una realidad que sólo ha sido modificada gracias a los cambios sustantivos impulsados por las mismas víctimas, de la mano de aspectos como el empoderamiento femenino, la incorporación al trabajo y la salida al espacio público.
Es en ese contexto que la investigadora ve que “las tensiones que siempre han existido se han agudizado. Hay estudios en otros países que muestran cómo las mujeres que no trabajan, que están en el espacio privado, son más vulnerables a la violencia doméstica. Pero también hay otros que demuestran que el hecho de que las mujeres tengan ingresos propios, deseos y decidan participar por sí mismas en distintos espacios, igualmente genera una mayor vulnerabilidad de riesgo”.
Así es como el femicidio termina por configurarse como “la expresión más brutal de esa violencia, en la cual definitivamente prefiero que tú no existas o te castigo al punto de eliminarte. Cuando llegamos al femicidio consumado es porque todo falló”.
Lanzamiento de la 17° campaña “¡Cuidado! El machismo mata”, de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres. Foto: ATON.
Sobre esto último, Valdés explicó que una de las mayores deudas pendientes es la discusión en torno a cómo resolver la aseguración del acceso a la justicia para las víctimas: “Lo que es muy impactante es este aumento de los femicidios frustrados, porque estamos en una relación de siete a uno. O sea, son muchos más los femicidios frustrados proporcionalmente de lo que eran hace diez años. El femicidio es consecuencia de una acumulación de violencias previas, de un entorno de violencia“.
“En ese sentido —añadió—, que no haya denuncias en los casos de femicidios frustrados nos habla del tema del acceso a la justicia y de la tremenda responsabilidad que tenemos, con la nueva Ley Integral Contra la Violencia hacia las Mujeres, de pensar cómo aseguramos a las mujeres el acceso a la justicia. Porque la encuesta de violencia dice que muchas no denuncian porque ha habido fracasos y porque no creen que vayan a tener protección”.
En esa línea, consultada por las declaraciones de Mara Sedini —actual vocera del presidente electo José Antonio Kast, asegurando que “los derechos de las mujeres son los mismos derechos humanos“—, la socióloga apuntó a que la oposición inicial de ciertos sectores de la derecha más tradicional a reconocer la existencia de problemáticas específicas que afectan a las mujeres, suele cambiar en la medida que comienzan a relacionarse con los casos.
“Mi larga experiencia con ministras de derecha es que muchas veces no tienen conocimiento. Y cuando se empiezan a enterar y a conocer la situación, rápidamente empiezan a asumir y hacerse cargo de que sí hay situaciones específicas de las mujeres que requieren una dedicación particular. Las leyes que han sido aprobadas ha sido por unanimidad. Todas las leyes que tienen que ver con la violencia hacia las mujeres y su protección en general, incluso desde la primera del año 94 cuando todavía ni siquiera era reconocido como delito sino como falta, tienen un reconocimiento transversal”, aseguró Valdés.
Teresa Valdés, socióloga e integrante del Observatorio de Género y Equidad. Foto: Fernanda Vargas (latfem.org).
“En este caso, estas personas opinan desde una situación de privilegio, pero cuando tú conoces y te empiezas a involucrar, a visitar, a escuchar testimonios, mi experiencia con las ministras de los gobiernos del presidente (Sebastián) Piñera es que rápidamente se sensibilizaron y asumieron que aquí había un tema severo“, valoró la integrante del Observatorio Género y Equidad.
“Claro que el señor Kast dice que no ha cambiado su visión y que mantiene esta idea —que lo vimos también en tiempos de Piñera—, de que la violencia es un asunto particular, privado y que a lo más se resuelve con terapia. Pero ya hay una acumulación suficiente de conocimiento que muestra que aquí hay una condición social y cultural, que es el conjunto de la sociedad el que tiene que estar velando por la prevención de la violencia. Nos hace daño a todos”, puntualizó.
Todo esto, especificando que “muchas veces tienes esta experiencia de poliviolencia. Tienes mujeres que de niñas o adolescentes sufrieron violencia y que reproducen ese patrón de relación. Por eso es que la prevención tiene que partir desde la infancia y debería arrancar con la educación sexual integral, del reconocimiento de los niños y las niñas, de sus límites, de la protección del otro. Eso es fundamental si queremos reducir y eliminar la violencia. Entonces, que vengan personas a decir que esto es un asunto privado o solo de terapia es desconocimiento, hace que mi esperanza sea que, cuando empiecen a conocer la realidad y los casos específicos, se den cuenta de que no es suficiente decir que se la arreglen solas o que es un asunto de terapia“, aseveró la socióloga.
