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Декабрь
2025

Los caballos blancos no existen

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Uno de los mitos más extendidos en el mundo del caballo es la existencia del caballo blanco. Aunque la expresión está arraigada en el lenguaje popular, desde el punto de vista genético no es correcta. El caballo blanco es, en realidad, tordo: un animal que nació con una capa oscura y que, con los años, ha ido perdiendo el color de su pelo de forma progresiva.

El responsable de este proceso es el llamado gen del encanecimiento progresivo, conocido como gen Gray. Se trata de un gen dominante que no crea una capa nueva, sino que actúa sobre cualquier color de base. Un potro tordo puede nacer negro, castaño, bayo o alazán, pero nunca nace blanco. Es el paso del tiempo el que transforma su apariencia.

El mecanismo es biológico. El gen Gray acelera el ciclo de vida de los melanocitos, las células encargadas de producir la melanina, el pigmento que da color al pelo. A medida que estos melanocitos se agotan, el pelo nuevo crece sin pigmento. Al principio, el manto muestra una mezcla de pelos blancos y oscuros; con los años, el blanco acaba predominando casi por completo. La piel, sin embargo, permanece pigmentada, normalmente negra o gris oscura, y los ojos conservan su color natural, una diferencia clave respecto a fenómenos como el albinismo o el leucismo.

Este encanecimiento no sigue un patrón único. La velocidad y la forma en la que el caballo pierde pigmento varían mucho de un individuo a otro, lo que da lugar a distintas apariencias dentro de la capa torda. De ahí que existan numerosos términos para describir los diferentes tipos de tordos.

Uno de los primeros estadios es el tordo oscuro o apizarrado. En esta fase predominan todavía los pelos negros, con algunos pelos blancos dispersos, lo que da al caballo un tono gris muy oscuro, casi color pizarra. A medida que el proceso avanza, pueden aparecer los tordos rodados, en los que el pelo oscuro se agrupa formando círculos o redondeles bien definidos repartidos por el cuerpo.

Otra variante es el tordo vinoso, caracterizado por una mezcla amplia de pelos blancos y rojizos, especialmente cuando la capa base del caballo era alazana. De esa misma base alazana surge el tordo atruchado, en el que aparecen pequeños círculos o manchas de pelos rojizos, que recuerdan al moteado de una trucha. Cuando las manchas son oscuras, formadas por pelos negros, se habla de tordo mosqueado.

Con el paso del tiempo, muchos caballos alcanzan el estadio de tordo claro o muy claro. En este punto, el pelo blanco es claramente mayoritario y apenas quedan pelos oscuros, a veces solo visibles en las crines o la cola. Es en esta fase cuando el caballo suele ser erróneamente identificado como blanco.

Existen también variantes menos comunes, como el tordo picazo, en el que aparecen manchas blancas bien delimitadas, o el tordo puerco o remendado, que presenta irregularidades en la distribución del color, con zonas más claras y otras más oscuras. Todas estas formas no son capas distintas, sino expresiones visuales de un mismo proceso genético en diferentes momentos de la vida del caballo.

Desde el punto de vista genético, el gen Gray es epistático, lo que significa que domina sobre cualquier otro gen de color. Un caballo puede portar genes para capas negras, alazanas o incluso genes de dilución como el crema o el silver, pero si tiene el gen Gray, su aspecto externo acabará siendo tordo. Ese color de base queda oculto, aunque sigue presente y puede transmitirse a la descendencia.

Este conocimiento tiene una gran importancia práctica, especialmente para los criadores. Un caballo tordo puede producir potros de capas muy diversas, algo que hoy puede predecirse con precisión mediante análisis genéticos. También tiene implicaciones sanitarias, ya que los caballos tordos presentan una mayor predisposición a desarrollar melanomas, especialmente en zonas de piel pigmentada como la base de la cola o los labios, lo que obliga a un control veterinario a lo largo de su vida.

Entender qué es realmente un caballo tordo permite mirar más allá del color aparente. No es un caballo que cambia de capa: es un caballo que pierde el pigmento de su pelo con los años. Por eso, aunque a simple vista lo parezca, los caballos blancos no existen. Existen los tordos y cada uno de ellos cuenta en su manto la historia del tiempo y de la genética.















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