Ciertas personas son incompatibles con el tuteo por más que reclamen que se les apee el tratamiento, que es lo que hacía Vicente Soriano en su notaría de la Avenida por antonomasia. Y no por el cargo, pues a alguno de su gremio dan ganas de tratarlos a escupitajos, sino por ser lo que toda la vida se ha conocido como «un señor» o, más demodé todavía, «una persona de bien». Sí aprovechaba uno la confianza que, tan amable, brindaba para colarse en el despacho en el que trabajó hasta su jubilación el pasado invierno, para disfrutar un momentito de las vistas: una almena sobre la Puerta de San Miguel que es la envidia de todo el capilleo sevillano. Ni...
Ver Más