El PSOE convirtió hace décadas la Diputación en su gran cementerio de elefantes. Allí iban a parar los alcaldes que se iban a la calle por la vía de las urnas. Daba igual que sobre ellos pesara una imputación o una condena. El partido los recogía y los juntaba como buenos hermanos con un carguito de asesor, como muchos otros acababan en las mancomunidades y otros chiringuitos variados creados ex profeso como agencias de colocación. Esa es la verdadera clave de por qué es tan importante mantener el feudo de la provincia, con uñas y dientes. Han tocado a rebato. Hay que resistir como sea, más aún después de haber perdido todo el poder territorial. Entre los empleados a dedo...
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