Los socios huyen de un Sánchez "tóxico"
Los que tienen una silla en el Consejo de Ministros lo dijeron con más o menos amabilidad. Los que no se sientan en la Moncloa, lo hicieron directamente con la careta quitada. Pero todos, por igual, lo acabaron diciendo. Izquierda Unida, Sumar y Podemos, los socios de Pedro Sánchez que forman parte de esa izquierda alternativa al PSOE, coincidieron ayer en señalar al presidente del Gobierno como responsable directo de los malos resultados en Extremadura. También le criticaron porque consideran que no está sabiendo ver el verdadero calado de la situación política en España y todos ellos, sin excepción, pusieron distancia con un PSOE al que ven como un elemento tóxico que no está teniendo la capacidad de reaccionar ante un ciclo electoral que se avecina muy complicado para la izquierda.
Tanto Sumar como Izquierda Unida ya llevaban semanas aireando su enfado con el PSOE, porque creían que su socio de coalición no había actuado con contundencia ni celeridad para atajar los escándalos de presunta corrupción y acoso sexual que salpican al Gobierno. Con esos antecedentes, el resultado del domingo de las elecciones en Extremadura terminó de soliviantar a ambos.
Aunque el PP consiguió sólo un diputado nuevo en la Asamblea de Extremadura, Vox logró subir de cinco a 11 y el PSOE se hundió de 28 a 18, el peor resultado de su historia en esa comunidad autónoma. De forma paralela, Unidas por Extremadura (que integra a Izquierda Unida y a Podemos) subió de cuatro a siete escaños, un resultado con el que lograban romper la tendencia a la baja del espacio y que era mejor incluso de lo que estimaban la mayoría de las encuestas.
Esa tendencia ascendente del espacio, el golpe al PSOE, la amenaza de la ultraderecha y que en su comparecencia matutina para anunciar los cambios en el Gobierno, Sánchez no dijera ni una palabra de Extremadura, llevaron a los socios ayer a levantar la voz.
«Tras unos comicios en los que el PSOE ha perdido el 15% del voto y ha firmado el peor resultado histórico de la región, decide actuar como si no hubiera pasado nada, con una respuesta política rutinaria», afeó Lara Hernández, portavoz de Movimiento Sumar. Criticó el nombramiento de Elma Saiz y el de Milagros Tolón y dijo que «no es una decisión de lectura política del momento, es una huida hacia adelante». «Tiene pinta de ser una negación de la realidad», añadió. Según la lectura que hace el movimiento de Yolanda Díaz, el problema del PSOE es que «sigue instalado en la parálisis, el inmovilismo y la autosatisfacción».
En unas líneas muy similares se pronunció Antonio Maíllo, coordinador federal de Izquierda Unida. Protagonizó otra rueda de prensa en la que tildó de «debacle» el resultado de los socialistas extremeños y aseguró que «el inmovilismo no sirve». «Lo único que puede servir para combatir el avance reaccionario es la política y la gestión de la política». «Desde IU nos vamos a concentrar en la política de la vivienda y en el coste de la alimentación», añadió.
De puertas para adentro, los dos socios de Sánchez trasladan que creen que hay un buen estado de ánimo entre el electorado de izquierdas, pero que falta que el PSOE movilice a los suyos. Y eso, aseguran, sólo se consigue si en los ciudadanos acaba permeando la idea de que de verdad el PSOE ataja los problemas que tiene. Ese, sin embargo, es un escenario poco probable porque a pesar de los escándalos, los socialistas no están mostrando signos de intentar llevar adelante ningún tipo de autocrítica.
De hecho, Sánchez ayer reunió a la Ejecutiva del PSOE y el análisis que compartió caía en el terreno de la negación. Fuentes presentes en la reunión aseguran que dijo que lo sucedido en Extremadura no es extrapolable al resto de España, que es el PP y no ellos quien está dando alas a Vox y que, ante ese auge de la ultraderecha, «el PSOE es más necesario que nunca», les dijo Sánchez a los suyos.
Su portavoz, Montse Mínguez, compareció poco después de esa reunión y, aunque reconoció que el extremeño era un mal resultado, tampoco hizo ningún tipo de autocrítica. Se centró más en atacar a Alberto Núñez Feijóo, del que dijo que «no tiene futuro» sin Santiago Abascal. También aseguró que las elecciones que se celebrarán el año que viene seguirán demostrándolo. En el PSOE creen que sus votantes están desmovilizados y que son recuperables y, para ello, airean el miedo a la extrema derecha. Ya les funcionó en las generales de 2023 y creen que les puede servir en las autonómicas que vienen.
Para los socios, sin embargo, esta es una lectura muy corta de miras. «No se puede actuar con inmovilismo, ni con abstracciones, diciendo simplemente que viene la ultraderecha», denunció ayer Maíllo.
Ese análisis, el del inmovilismo por parte del PSOE, también es compartido por los socios parlamentarios de Sánchez. Desde Podemos, partido que cada vez se pronuncia con más dureza sobre el Ejecutivo, lamentaron que «el machismo, la corrupción, la inacción social y la incapacidad de dar respuesta a los problemas de la gente son una fábrica de la ultraderecha», acusando al Ejecutivo de dar alas a Vox.
Incluso Gabriel Rufián, el portavoz de ERC en el Congreso y que suele mostrarse menos beligerante con los socialistas, afeó a Sánchez su comparecencia. Enumeró las posibilidades que tenía el presidente del Gobierno, «hablar sobre lo que había pasado, hablar sobre lo que había pasado y anunciar medidas o ignorar lo que había pasado», y aseguró que eligió la peor de todas. «No ha anunciado a [Miguel Ángel] Gallardo como portavoz de milagro», el político republicano.
