La conexión ecuestre Jerez - Viena
La Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre de Jerez de la Frontera y la Escuela Española de Equitación de Viena representan dos de las instituciones ecuestres más reconocidas del continente europeo. Separadas por la geografía y por siglos de historia ambas comparten un origen común vinculado al caballo español y a la evolución de la equitación clásica desde el Renacimiento hasta hoy.
El nombre de la escuela vienesa explica esa relación histórica. La denominación de "Escuela Española" no es simbólica ni anecdótica: responde a la influencia directa de los caballos españoles que llegaron a la corte de los Habsburgo en el siglo XVI. Fue entonces cuando el archiduque Fernando I, hermano del rey Carlos I de España, trasladó caballos y jinetes españoles a Austria, sentando las bases de una tradición ecuestre que se consolidaría con el paso del tiempo. De aquellos caballos españoles, cruzados posteriormente con otras líneas europeas, nació la raza lipizzana, criada desde finales del siglo XVI en la yeguada imperial de Lipizza, hoy situada en Eslovenia, y utilizada de forma exclusiva por la escuela vienesa.
Ese vínculo histórico también es familiar. La llegada de los caballos españoles a Austria se produjo en el contexto de una monarquía compartida y de una intensa relación política y cultural entre los territorios de la Casa de Habsburgo. La equitación formaba parte de la educación cortesana, y el arte de montar a caballo se consideraba una disciplina esencial para la nobleza europea.
A lo largo de los siglos, la Escuela Española de Equitación de Viena se consolidó como la gran depositaria del arte de la Alta Escuela o Haute École. Desde el Renacimiento ha mantenido sin interrupción un sistema de entrenamiento basado en la transmisión directa del conocimiento, de maestro a alumno. Su escenario más emblemático, la Winterreitschule del Hofburg, construida entre 1729 y 1735, se convirtió en el marco definitivo para la práctica de una equitación caracterizada por la precisión, la serenidad y el respeto absoluto al caballo. En 2010 este legado fue reconocido como patrimonio cultural inmaterial y en 2022 se sumó el reconocimiento al conocimiento tradicional de la cría del caballo lipizzano.
La Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre es una institución mucho más joven, pero profundamente arraigada en la tradición ecuestre española. Su origen se sitúa en 1973, cuando Álvaro Domecq Romero creó el espectáculo "Cómo bailan los caballos andaluces", concebido como un homenaje al caballo andaluz y a las distintas formas de doma tradicional. El éxito de aquella propuesta impulsó la creación de la Escuela como entidad, con sede en el palacio del Recreo de las Cadenas, en Jerez de la Frontera.
Con el paso de los años, la institución consolidó su estructura y su patrimonio. La adquisición, en 1986, de la cuadra de caballos y la colección de carruajes de Pedro Domecq de la Riva supuso un impulso decisivo, tanto por la incorporación de ejemplares de Pura Raza Española como por la conservación de un importante conjunto de enganches y arreos históricos. El reconocimiento oficial llegó en 1987, cuando la Casa Real concedió a la institución el título de "Real".
Aunque comparten raíces comunes, ambas escuelas han desarrollado identidades propias. La Real Escuela Andaluza se caracteriza por integrar la equitación clásica con elementos de la tradición andaluza, como la doma vaquera, el trabajo a la cuerda o los carruseles, en un contexto cultural marcado por la música y la estética del sur de España. La escuela vienesa, en cambio, preserva la tradición ecuestre de la corte imperial, con un enfoque más sobrio y una puesta en escena ligada al ceremonial histórico de los Habsburgo.
A pesar de esas diferencias, los ejercicios de Alta Escuela que se ejecutan en Jerez y en Viena son, en esencia, los mismos. Piaffe, passage, levades o cabriolas forman parte de un lenguaje ecuestre común que ha sobrevivido al paso del tiempo. Esa unidad quedó especialmente visible en 2015, cuando la Real Escuela Andaluza fue invitada de honor en la celebración del 450 aniversario de la escuela vienesa. Jinetes y caballos andaluces actuaron junto a los lipizzanos en Viena, en un encuentro que subrayó la continuidad de una tradición compartida.
Jerez y Viena actúan como guardianas de un patrimonio inmaterial que trasciende fronteras. Cada una desde su contexto histórico y cultural, ambas escuelas mantienen vivo un arte ecuestre que forma parte de la historia europea y que sigue transmitiéndose con rigor y fidelidad a sus principios originales.
