Desde hace años, millones de ciudadanos utilizan aplicaciones y redes sociales
que exigen crear una cuenta y aceptar el uso de datos personales como condición imprescindible para acceder al servicio. Un gesto automático que, con el tiempo, ha ido generando un creciente recelo tanto entre los usuarios como entre las autoridades, especialmente ante la dificultad de saber con exactitud
qué información se recoge y dónde acaba almacenada.Seguir leyendo...