Los cronistas de largo monóculo, que son los que ofician de transeúntes, han repetido mucho que Madrid es una ciudad de agua escondida, y lo es, alcalde, porque yo he bebido en sus caños y he visto cómo cada fuente es un íntimo latido del barrio. A mí me gusta beber de las fuentes escondidas de Madrid , porque es como beberse las estrellas, cabeza abajo, como beberse el firmamento que de pronto estás viendo, mientras te sirves de un grifo. Madrid es moderna, sí, pero sigue siendo aldea o pueblo, en lo peatonal, alcalde. Tenemos dos fuentes de monumento y festejo, la Fuente de Cibeles, que más que dar agua da identidad, y luego la Fuente de Neptuno, donde...
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