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Декабрь
2025

La desaparición del asombro

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La única celebridad planetaria que todavía repercute y gratifica con sus evoluciones cotidianas a los ilusionados seres de a pie se llama Lionel Messi. Como no logramos explicarnos cómo hizo para la siguiente asistencia que se convertirá en gol o cómo, otra y otra vez, hace goles de esa indiscutible calidad con la simplicidad con la que se toma un vaso de agua, este rosarino del mundo sigue siendo capaz de hacernos sentir que todavía la esperanza del asombro es posible.

Messi es el hombre increíble de estos tiempos de autoaniquilación diaria a título de voluntarismos egocéntricos. Está demostrando ser capaz de hacer goles entre los escombros: alguien dijo que la madurez consiste en caminar por campos minados o devastados en equilibrio interior y éste parece ser el caso de alguien que certifica todos los días que la genialidad puede ser asombrosamente normal, casi una rutina, una forma de ser que, por supuesto, su compañera y tres hijos se toman con lúcida naturalidad.

Messi no deja de sacarnos de la abulia, ahora que acaba de celebrar el primer título con la camiseta rosada del Inter de Miami y amenaza con perpetrar el récord de convertirse en el único genio futbolístico que habrá participado de media docena de copas del mundo. Mientras siga siendo Peter Pan, ese niño-hombre que por decisión consciente se niega a convertirse en adulto y convencional, Manuel Castells nos advierte desde Barcelona que el mundo se encuentra en fase autodestructiva, asunto que por nuestros lares ha asumido alguien llamado Evo Morales, que en su momento emergió como esperanza de los oprimidos y oriundos de estas tierras.

Mientras nuestro Peter Pan —es nuestro, porque el fútbol sigue siendo de todos a pesar de la codiciosa FIFA— se hace cada vez más nítidamente la excepción a la regla, los capitanes Garfios que pululan con su poder tecnopolítico por continentes y mares, se cargan 70.000 muertos gazatíes, otros miles ucranianos y rusos se matan diariamente, el pato Donald bombardea Nigeria y destruye extrajudicialmente embarcaciones en el Caribe con el pretexto de que se trata de narcotraficantes, quiere la paz mundial a través de guerras de baja intensidad, va por las tierras raras de Ucrania, el petróleo de Venezuela, el litio argentino-chileno-boliviano, para felicidad de la generala Laura Richardson, en su momento mandamás del imperial Comando Sur y hasta la academia sueca ingresa en zona de delirio confiriéndole el Premio Nobel de la Paz a una señora que clama por que la potencia del norte invada su propio país, como si así se debieran resolver asuntos internos en naciones en que los unos se llevan los millones y los otros manotean las monedas.

¿Quién se asombra? Nadie se asombra. Lo único masivamente asombroso desde la paz y la concordia es el juego futbolístico de Messi, mientras la geopolítica comunicada a través de los circuitos sociodigitales hace de las suyas y se erige de forma más evidente que las decisiones mundiales y mundanas están cada vez en menos cabezas y manos, y todo el resto van dejando de ser obreros, indios, campesinos y trabajadores, para convertirse en meros datos saqueados: en este tiempo, el ser humano es un recurso natural brutalmente violado en su privacidad, en su soberanía personal y comunitaria, en el contexto ensordecedor del triunfo de la impunidad de los pederastas que se fotografiaron alguna vez con Epstein, antes de proceder a ejecutar sexualmente menores de edad mujeres-varones en las iglesias, los salones de la opulencia y las playas donde se perpetran los infernales apetitos de los amantes del dinero y la acumulación del capital, las drogas más adictivas y enajenantes que haya podido elaborar la condición humana privilegiada y megamillonaria.

Los índices de igualación de lo medular con lo accesorio son pavorosos. La imbecilidad tiktokera es de mayorías abrumadoras y la muerte como producción de la política expansionista y de control social no inmuta y menos conmueve a nuestras cada vez más nefastas clases medias conservadoras que van por las vitrinas de las redes para contarnos sus pequeñas victorias diarias entre familiares y empresariales, mientras gran parte de los pobres del mundo, igualmente acariciados por la manipulación de la conversación pública, depositan sus votos por artefactos humanos que quieren seguir usando el cebo propagandístico anticomunista como pretexto para defender una libertad exclusivamente economicista, proempresarial y consecuentemente sesgada.

El año nuevo al que ya llegamos, el del mundial México-Estados Unidos-Canadá, tendrá entretenida a las audiencias de todas partes. Existen nuevas probabilidades de que, si Messi está, nos recuerde otra vez que el asombro es un privilegio de la conciencia y de la memoria y que la insensibilización a la que conduce la dominación de los unos sobre los otros, nos mantendrá indiferentes a que, por ejemplo, Bolivia vote en Naciones Unidas por la Israel del genocida Benjamín Netanyahu. Repitamos: ¿Quién se asombra? Nadie se asombra. Así lo certifica diariamente la recua del propagandismo periodístico “independiente”.

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