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Декабрь
2025

2025, del manantial hacia la industria a la asfixia a las tropas

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Si hubiera que resumir el año 2025 para las Fuerzas Armadas españolas en una sola palabra, esta sería «paradoja». Nunca antes en la historia democrática reciente se había hablado tanto de Defensa, ni se habían manejado cifras de inversión tan abultadas sobre el papel. Y, sin embargo, nunca antes la sensación de fragilidad estructural, de «quiero y no puedo» industrial y de desapego del capital humano había sido tan palpable.

A punto de cerrar el ejercicio, el balance es agridulce, tendiendo al gris oscuro. España ha logrado, mediante una ingeniería financiera digna de estudio, acercarse al compromiso atlantista del 2,1% del PIB en gasto de defensa. Pero la realidad operativa que se respira en las bases, desde Gando hasta Cartagena, pasando por las unidades acorazadas de la península, cuenta una historia muy diferente a la de los grandes titulares de La Moncloa. 2025 ha sido el año en el que la «Defensa Virtual», es decir, la de los PowerPoints, los créditos extraordinarios y las promesas a 2030, ha chocado frontalmente con la realidad material: entregas que no llegan, obras que se paralizan y una tropa y mandos cada vez más cansados.

Esto se debe, sin lugar a dudas, a una política cortoplacista, como prácticamente todo lo que ha hecho un Ejecutivo con una fecha de caducidad cada vez más marcada y que su visión de futuro se reduce a los próximos días más que a los próximos años. Algo que está pasándole factura a una pieza tan esencial de nuestro país como son sus Fuerzas Armadas.

La prórroga presupuestaria

El año comenzó con algo que debería ser la excepción, pero que se ha convertido en norma: la falta de Presupuestos Generales del Estado. El Ministerio de Defensa ha operado todo 2025 con las cuentas prorrogadas, algo que teóricamente debería haber paralizado la inversión. No ha sido así. El Gobierno ha recurrido a una «lluvia de millones» vía modificaciones de crédito y fondos de contingencia que superan los 3.000 millones de euros.

Mientras el dinero surge como un auténtico manantial que fluye para pagar a gigantes industriales como Navantia, Airbus o GDELS, el sostenimiento diario de las tropas sufre la asfixia de la prórroga. El dinero para combustible, repuestos menores, munición de entrenamiento y calidad de vida en las bases ha ido decreciendo cada vez más salvajemente mientras que la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ya ha alertado de que este modelo es insostenible.

El drama en Tierra, un Dragón que no arranca

Si hay un símbolo del fracaso en la gestión de expectativas durante 2025, ese es el Vehículo de Combate sobre Ruedas (VCR) 8x8 Dragón. Llamado a ser la columna vertebral del Ejército de Tierra y jubilar a los vetustos BMR y TOA, el programa se ha convertido en una pesadilla a medio camino entre la logística y la crisis de reputación. Las cifras hablan por sí solas: de las 92 unidades que el consorcio Tess Defence (Indra, Santa Bárbara, Escribano y Sapa) debía haber entregado para finales de este año, el Ejército apenas ha recibido una treintena.

La cuestión no se detiene ahí, sino que las unidades entregadas arrastran problemas técnicos en la transmisión y en la integración de sistemas que se detectaron en enero y siguen sin resolverse en diciembre. Esto ha llevado a que el Ministerio llegue incluso a amenazar con sanciones, pero las brigadas operativas siguen palideciendo por la falta de material.

A esto hay que sumarle la incoherencia política. La decisión del Gobierno de vetar compras a empresas israelíes, sin tener una alternativa plausible, ha dejado algunos segmentos del Ejército sin armamento en capacidades críticas. Por ejemplo, los lanzacohetes SILAM y los misiles contracarro Spike LR2 suponen un revés estratégico de primer orden, sobre todo si lo comparamos con Marruecos y sus sistemas PULS y HIMARS. Harán falta años para llenar un vacío de capacidad con alternativas que, hoy por hoy, no están ni firmadas.

La Armada, la mejor parada

No ha sido un mal año para la Armada. Aparte de ser la mejor comunicadora a la hora de mostrar sus avances de todas nuestras Fuerzas Armadas, también ha sido el año de la puesta a flote del S-82 «Narciso Monturiol», confirmando que el programa de submarinos, pese a las décadas de retrasos, finalmente ha visto la luz.

También se ha puesto la quilla del BAM-IS «Poseidón», un buque de intervención subacuática vital y de vanguardia. En este sentido, Navantia ha conseguido un gran éxito, y, por lo tanto, la Armada.

Por su parte, el elefante en la habitación es algo muy similar a lo acontecido en Tierra. Con el F-35B descartado por el Ministerio de Defensa, la Armada se asoma al abismo tan cerca como en 2029, sin un sustituto para sus Harrier, aviones vetustos y que necesitan una jubilación relativamente urgente. El problema es que España ha depositado todas sus esperanzas en el caza de nueva generación europeo que cada vez tiene más visos de que no verá la luz, por lo que la situación es, cuanto menos, problemática para un país que cada vez tiene menos proyección en sus alas embarcables.

El dominio aéreo en el año 2025 ha alcanzado un valle de capacidades. Los F-18 del Ala 46 en Gando están agotados, operando al límite de su vida estructural. En teoría se compraron veinte Eurofighters nuevos para sustituirlos, pero, además de los retrasos, también se ha reconfigurado la entrega para homogeneizar flotas, por lo que Canarias se llevará otros aviones algo más antiguos.

Durante todo 2025, la defensa aérea del flanco sur de la OTAN ha dependido de unos aviones ancianos y de rotaciones constantes de unidades peninsulares, con el coste y desgaste que ello implica. España llega tarde al relevo, y esa impuntualidad se paga, sin duda, con riesgo.

Si bien la llegada de los drones SIRTAP a la línea de montaje es una buena noticia para la industria nacional, la realidad es que hoy, ante una amenaza de drones o misiles de crucero, dependemos de unas baterías Patriot que apenas ahora hemos empezado a modernizar, tras firmar un contrato mil millonario con Raytheon en el tiempo de descuento del año.

Una crisis silenciosa, la falta de personal

Si hay un indicador que debería encender todas las alarmas rojas en el Ministerio de Defensa, no es el número de tanques o aviones, sino el de personas. Las Fuerzas Armadas se están vaciando.

Este 2025 ha sido el año de la ruptura entre el Ministerio y las asociaciones militares. El Pleno Extraordinario de retribuciones de diciembre acabó en fracaso, con las asociaciones (ASFASPRO, AUME, ATME) levantándose de la mesa ante la negativa de Hacienda a aprobar una subida salarial lineal. Un soldado en España sigue cobrando poco más que el Salario Mínimo Interprofesional, mientras ve cómo Policía y Guardia Civil consolidan sus aumentos.

Los jóvenes ya no quieren ser militares profesionales en estas condiciones. Con una ratio de 2,4 militares por cada 1.000 habitantes (frente a los 6 de media en la OTAN) , España se enfrenta a un escenario de «fuerza hueca»: vamos a tener fragatas F-110 ultra-tecnológicas y blindados 8x8 (cuando lleguen) sin tripulaciones cualificadas para operarlos.

En suma, la valoración general de 2025 es la de un año de oportunidades perdidas y de riesgos asumidos. España ha cumplido con la OTAN en lo contable, inflando el presupuesto con partidas industriales y pensiones, pero ha fallado a sus propios ejércitos en lo más tangible en el día a día.















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