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Декабрь
2025

El récord de cotización marca una nueva "Edad de los Metales"

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La metalurgia surgió aproximadamente en el 6.000 a. C. Toda una revolución para la humanidad, que significó el paso del Neolítico a la Edad de los Metales y marcó el inicio de una revolución industrial arcaica. Por primera vez, se aprendió no solo a usar los recursos de la naturaleza, sino a transformarlos. Fundir y moldear metales fue el primer gran salto industrial de la Humanidad, un punto de partida para la innovación que definiría el desarrollo económico y social de las civilizaciones.

Más de 8.000 años después, los metales vuelven a ocupar un lugar central. Si aquella primera revolución metalúrgica transformó la productividad y la organización de las sociedades primitivas, la actual revalorización del oro, la plata, el cobre y otros metales estratégicos refleja un nuevo cambio de ciclo. En un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, la transición energética y la reconfiguración del orden económico global, los metales recuperan su papel como activos de refugio, pilares industriales y termómetro de las tensiones del sistema.

Y es que 2025 ha sido excepcional para los metales preciosos e industriales. El oro ha superado esta semana los 4.500 dólares por onza troy en el mercado de futuros, lo que significa revalorizaciones de alrededor del 70% desde principios de año. La plata, por su parte, ha alcanzado máximos cercanos a los 69 dólares por onza, lo que supone una subida de más del 130%.

Aunque menos mencionados, el platino y el paladio también han experimentado sorprendentes revalorizaciones. El conocido como oro blanco cotiza por encima de los 2.200 dólares tras experimentar un crecimiento superior al 140%, mientras que el paladio ha duplicado su valor y ya se encuentra cercano a los 1.900 dólares.

Pero no solo los metales preciosos han sido protagonistas de este año que estamos a punto de dejar atrás. Recursos industriales, como el cobre, se aproximan a los 12.000 dólares por tonelada, acumulando una ganancia anual de alrededor del 40%, en lo que es su mejor comportamiento desde hace más de una década.

Asimismo, el aluminio va camino de los 3.000 dólares por tonelada (un 16% con respecto a enero) y otros metales base, como el zinc, acumulan incrementos superiores al 7% y se han consolidado por encima de los 3.000 dólares. Si bien los valores de inicio de año son aproximados y dependen de la fuente, el patrón general es claro: grandes incrementos en todos los segmentos del mercado de metales.

¿A qué se debe esta fiebre por los metales? En 2025, los mercados han descontado una política monetaria más acomodaticia para 2026, lo que tiende a debilitar el dólar y a aumentar el atractivo de activos denominados en dólares como el oro y la plata. Los metales preciosos tradicionalmente funcionan como refugio contra la depreciación de las divisas y la inflación, por lo que los tipos bajos y la incertidumbre económica han redirigido capitales hacia estos activos.

La década actual está marcada por tensiones geopolíticas persistentes, como los conflictos en Europa del Este, tensiones en Oriente Medio y, recientemente, también se ha sumado el de Venezuela, así como por disputas comerciales globales, que aumentan la aversión al riesgo entre los inversores.

Mientras que el oro se beneficia principalmente de su papel de activo de refugio, la plata y el cobre están siendo impulsados también por la demanda real de la economía global, especialmente en sectores estratégicos. La plata, además de refugio, tiene aplicaciones fundamentales en energías renovables, electrónica y vehículos eléctricos, lo que refuerza su dinámica alcista. Al igual ocurre con el platino y el paladio, componentes fundamentales en los catalizadores de los vehículos, pero también para contactos eléctricos, sensores, condensadores y componentes electrónicos de alta precisión.

El cobre es indispensable para infraestructuras eléctricas y tecnologías limpias, como redes de energía y vehículos eléctricos.

La combinación de demanda creciente y restricciones de suministro, debido a inversiones insuficientes en nuevas minas y presiones ambientales o regulatorias, ha llevado a cuellos de botella. Estos factores estructurales están manteniendo los precios elevados incluso cuando algunos analistas esperaban una desaceleración a mitad de año. Países fuertemente dependientes de la minería, como Chile y Perú en cobre, o Sudáfrica, están viendo vientos favorables para sus balanzas comerciales y presupuestos fiscales. Un cobre más caro, por ejemplo, significa mayores ingresos por exportaciones que pueden aliviar déficits y financiar inversión pública.

Los mercados bursátiles de sectores mineros han reflejado este impulso: índices de compañías metalúrgicas y mineras están ampliamente por delante de muchos sectores tradicionales, y ETF ligados a metales muestran fuertes entradas de capital.

De esta manera, 2025 ha sido, en muchos sentidos, una nueva Edad de los Metales. La combinación de incertidumbre geopolítica, demanda industrial y transición energética ha colocado a estos elementos en el centro de la atención económica y financiera.















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