No es por comer demasiado: un médico explica el motivo por el que engordamos en Navidad
Cada año ocurre lo mismo. Tras las celebraciones navideñas, muchas personas suben a la báscula con cierto temor y señalan rápidamente a los dulces, los asados o el alcohol como culpables. Sin embargo, la explicación puede ser bastante más compleja, y menos intuitiva, de lo que parece. La Navidad introduce cambios profundos en nuestras rutinas diarias y no todos están relacionados con lo que ponemos en el plato.
El mito de las calorías navideñas
Es cierto que las comidas festivas suelen ser abundantes. Algunos estudios estiman que el día de Navidad puede suponer una ingesta calórica muy superior a la habitual. Pero, según el profesor Franklin Joseph, endocrinólogo especializado en obesidad y metabolismo, este exceso puntual no explica por sí solo el aumento de grasa corporal que muchas personas atribuyen a estas fechas.
“El aumento de grasa es un proceso lento”, aclara el especialista. Comer más durante unos pocos días no se traduce automáticamente en varios kilos extra. El cuerpo humano está preparado para gestionar picos ocasionales de consumo energético sin que ello tenga consecuencias permanentes.
¿Por qué engordamos en Navidad si no es por la comida?
Lo que sí cambia de forma drástica en Navidad es el nivel de actividad física. Vacaciones, viajes largos, reuniones familiares interminables y maratones de series hacen que pasemos muchas más horas sentados de lo habitual. Este comportamiento sedentario tiene un impacto directo sobre el metabolismo.
Permanecer sentado durante largos periodos reduce la capacidad del cuerpo para manejar correctamente la glucosa y las grasas en sangre. En palabras del profesor Joseph, “las horas que pasamos sentados tienen un impacto mucho mayor en el peso que la propia comida”. Cuando el organismo entra en este modo de baja actividad, tiende a almacenar energía en lugar de utilizarla.
La inactividad no solo afecta al metabolismo, también altera las señales naturales de hambre y saciedad. Estar quietos durante horas frente al televisor o en reuniones sociales fomenta lo que los expertos llaman “ingesta hedónica”: comer por aburrimiento, costumbre o estímulo externo, no por necesidad fisiológica.
En este contexto, los dulces y aperitivos se convierten en acompañantes casi automáticos de la falta de movimiento. No se trata de comer más por hambre real, sino de hacerlo porque el entorno lo facilita.
Otro aspecto que suele generar alarma tras las fiestas es el aumento rápido de peso en pocos días. El endocrinólogo advierte que, en la mayoría de los casos, no se trata de grasa acumulada. El consumo de alimentos salados, alcohol y la reducción del ejercicio favorecen la retención de líquidos y la inflamación, lo que se refleja de inmediato en la báscula.
Este efecto es reversible y suele desaparecer al retomar la rutina habitual. El problema surge cuando la inactividad se prolonga durante semanas y se convierte en la nueva normalidad tras las fiestas.
¿Qué hacer para evitar ganar peso?
La solución, según los especialistas, no pasa por dietas restrictivas ni por eliminar los alimentos tradicionales de Navidad. El enfoque debería ser mucho más sencillo: mantenerse en movimiento. Pequeños gestos como dar un paseo después de comer, levantarse con frecuencia, ayudar en tareas domésticas o realizar estiramientos suaves pueden marcar una gran diferencia.
“Incluso el movimiento ligero mejora la forma en que el cuerpo procesa los alimentos”, explica el profesor Joseph. En muchos casos, este tipo de actividad resulta más eficaz que saltarse el postre o imponer restricciones drásticas.
El peligro de las dietas extremas
Designar el día de Navidad o el 1 de enero como el inicio de un plan alimentario estricto suele ser contraproducente. Las dietas muy restrictivas elevan las hormonas del estrés, aumentan los antojos y facilitan episodios de atracones posteriores. El resultado es un círculo vicioso difícil de romper.
La clave, concluyen los expertos, está en disfrutar de la comida sin culpa, moverse un poco cada día y volver gradualmente a los hábitos habituales una vez terminadas las fiestas. El peso corporal estable se construye a largo plazo, no se decide en una semana al año.
