El Congreso ratifica la motosierra de Milei
El gasto público en los Estados modernos rara vez se comporta como un acordeón. No se estira y se encoge. Se estira y, cuando mucho, deja de estirarse. Esa es la lógica del trinquete: avanzar es sencillo; retroceder, casi heroico. Tras cada shock —guerra, recesión, pandemia— se abren compuertas presupuestarias que luego cuesta volver a cerrar. Porque alrededor de cada partida nacen rentas, dependencias y grupos de presión que llaman "derechos" a lo que, en última instancia, son transferencias financiadas por terceros contribuyentes.
Por eso el caso argentino con Javier Milei merece atención. En 2023, justo antes de su llegada, el gasto público consolidado rondaba el 37,9% del PIB: 19,7% Nación, 14,8% provincias (incluida CABA) y 3,4% municipios. En 2024 cayó al 31,6% del PIB. Y para 2025 se proyecta cerca del 31,4%. Traducido: 6,5 puntos del PIB menos en dos años; alrededor de un 17% menos de Estado que en 2023. Un retroceso hasta niveles no vistos desde 2008.
Además, el ajuste se concentra donde Milei manda. El gasto del gobierno nacional pasaría del 19,7% al 14,6% del PIB entre 2023 y 2025: un tijeretazo de unos 5 puntos, casi una cuarta parte de todo su presupuesto. Mientras, el sector subnacional apenas acompaña. La motosierra corta en la administración central; fuera de ella, el trinquete vuelve a hacer de dique.
Sin embargo, hasta la fecha, gran parte de ese recorte se había dado por congelar el gasto nominal al tiempo que la inflación actuaba como licuadora del gasto real. No había sido una decisión consensuada del poder Legislativo de argentino de recortar deliberadamente el presupuesto. Pero esto ha cambiado esta última semana. Tras la aprobación de sus primeros presupuestos, el Congreso argentino ha ratificado el recorte del gasto que se ha producido durante la era Milei. En este caso, el trinquete ha podido revertirse: pocas veces pasa, pero en esta ocasión ha sucedido. Y, en un mundo donde el Estado crece por inercia, lograr que se reduzca por ley es excepcional. Ojalá durante los próximos años se consolide y se siga profundizando en esta sana tendencia de desfinanciar al sector público para recapitalizar al sector privado.
