Bruselas afronta su año más difícil entre el rearme y la diplomacia
La Unión Europea encara 2026 arrastrando las heridas de un año de parálisis institucional y fracturas internas. Ni activos rusos ni acuerdo con el Mercosur: la herencia que deja 2025 es la de una Europa más dividida que nunca, justo cuando más estabilidad necesita. En un tablero global dominado por la inestabilidad de Washington y la presión de Moscú, el bloque enfrenta el nuevo ejercicio bajo la amenaza directa de una guerra híbrida y la posibilidad de un repliegue en la seguridad transatlántica.
Ante este escenario, la agenda comunitaria para el próximo año da un giro drástico hacia la supervivencia y la autonomía. La urgencia por rearmarse y simplificar la burocracia para ganar competitividad económica ha desplazado a un segundo plano prioridades antes inamovibles, como la transición verde o la vanguardia regulatoria digital. Con el debate sobre el nuevo Marco Financiero Plurianual en el horizonte, las instituciones europeas se han comprometido a blindar la seguridad democrática para presentar un frente unido que pueda resistir el sabotaje externo y la polarización política interna.
Objetivo: diversificar mercados
Bruselas inaugurará 2026 con una importante asignatura pendiente que amenaza su credibilidad exterior: la ratificación del acuerdo con los países del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay). La ambición de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, de cerrar 2025 con la firma del pacto se topó, una vez más, con la realidad de la fragmentación del bloque. Los Veintisiete se adentran en un año decisivo donde la firma -prevista ahora para mediados de enero en Paraguay- será solo el primer paso de unas intensas negociaciones institucionales. Este nuevo ciclo pondrá a prueba si un tratado que lleva 25 años en la cuerda floja puede sobrevivir a un Parlamento Europeo cada vez más polarizado y a profundas divisiones internas.
El gran reto social de los próximos meses será contener el malestar del campo europeo. El paquete de salvaguardias diseñado para blindar productos sensibles como la carne de vacuno, el arroz o el azúcar no logró evitar la indignación agraria. Para los gobiernos nacionales, el coste político de la apertura comercial se ha vuelto casi inasumible, convirtiendo cada avance técnico en una potencial crisis interna que probablemente aprovechen los movimientos populistas.
De puertas para adentro, 2026 medirá el verdadero peso de las potencias del bloque. El canciller alemán, Friedrich Merz, quien prometió impulsar el pacto antes de fin de año, se encontró con la resistencia de París y Roma. Fue Italia la que terminó por inclinar la balanza. En una llamada directa al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, pidió "paciencia" para asegurar el respaldo de sus agricultores, una petición que Lula acabó aceptando.
El éxito o fracaso de este tratado definirá la posición de la UE en un tablero internacional marcado por profundas tensiones comerciales. En un año en el que la búsqueda de aliados fuera de las grandes potencias será prioritaria para la Unión, el valor estratégico del acuerdo es incuestionable: la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo daría un respiro a la exportación de vehículos, maquinaria y vinos. Sin embargo, la posible firma en enero no garantiza el final del trayecto. Incluso si Francia e Italia ceden terreno, el pacto deberá superar la creciente polarización de la Eurocámara.
Bruselas tiene poco margen para la indecisión, ya que la economía de la eurozona encara 2026 con una perspectiva de crecimiento revisada a la baja -un 1,2 % frente al 1,4 % previsto anteriormente-. Este recorte responde sobre todo a la inestabilidad del comercio internacional tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, un escenario que obligó a la UE a negociar a contrarreloj para evitar una guerra arancelaria.
La tregua finalmente se alcanzó mediante un acuerdo de mínimos que fija un gravamen general del 15 % para dos tercios del comercio transatlántico, aunque logra aranceles cero para sectores estratégicos como la aeronáutica, semiconductores y materias primas críticas. El coste del pacto es, no obstante, masivo: el bloque se ha comprometido a comprar energía estadounidense por valor de 750.000 millones de dólares y a movilizar otros 600.000 millones en inversiones hacia EE UU. Esta factura energética y financiera explica la urgencia de von der Leyen por diversificar mercados.
El rearme europeo
"Europa está en una lucha": fue la gran cita del discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado por von der Leyen en septiembre. Esta advertencia marcará el rumbo de la UE el próximo año. La Comisión se verá obligada a reescribir sus propias prioridades, revirtiendo políticas diseñadas en el mandato anterior para centrarse en la supervivencia geopolítica.
Con el Kremlin preparándose para un nuevo año de guerra y sus tropas avanzando en el frente oriental, los Veintisiete pactaron en su última cumbre un paquete de 90.000 millones de euros para el periodo 2026-2027. Esta ayuda será vital para evitar el déficit asfixiante al que se enfrentaba Kiev, lo que habría obligado a desmantelar su producción militar. No obstante, la UE se enfrenta al riesgo de un alto el fuego dictado por otros: preocupa que el plan de paz que trata de impulsar Trump pueda dar demasiadas concesiones a Rusia, dejando a Bruselas en una posición de irrelevancia diplomática.
Pero el mayor desafío para 2026 no es solo el conflicto convencional, sino la expansión de la guerra híbrida dentro del territorio comunitario. Los servicios de inteligencia occidentales advierten de que habrá más sabotajes contra infraestructuras críticas, desde cables submarinos hasta redes eléctricas. Al mismo tiempo, la relación con la administración estadounidense ha cambiado: Washington ya no se ve como un aliado imprescindible, sino como una posible amenaza para la estabilidad de Europa. En caso de que EE UU retirara sus garantías de seguridad, la UE reconoce que, aunque gaste más en defensa, sigue siendo incapaz de reemplazar el apoyo estadounidense a corto plazo.
Todo apunta que la Unión Europea encara un año que la obligará a madurar a la fuerza. Según el informe anual sobre riesgos globales para la UE del Insituto Universitario Europeo (EUI), el bloque deberá gestionar una triple crisis simultánea: asegurar su frontera oriental, proteger sus servicios básicos de los sabotajes y redefinir su relación con un Estados Unidos cada vez menos previsible.
Este escenario, marcado por la complicada negociación del nuevo Marco Financiero Plurianual, sitúa a la Unión ante un desafío histórico. Bruselas ya no solo debe mirar hacia sus aliados tradicionales, también buscar nuevas alianzas y fortalecer su propia autonomía. La UE se juega el éxito de este ciclo político en un desafío difícil: proteger a sus ciudadanos y empresas de las amenazas exteriores sin renunciar a sus valores democráticos y protegiendo su influencia internacional.
