El
Girona cierra el año con una sensación difícil de digerir. Doce meses que comenzaron tocando el cielo europeo y que terminan anclados a la preocupación, con el equipo inmerso en la pelea por la permanencia y dejando atrás, por números y sensaciones, el peor año natural de su historia en
Primera División. La
Champions fue el punto más alto; la continuidad en
LaLiga, el gran desafío que nunca llegó a resolverse con solvencia.
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