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Декабрь
2025

Julia Román, maquilladora profesional: “2026 exige piel con textura, no filtros”

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En pasarela y en alfombra roja, el consenso para 2026 se resume en menos artificio y más verosimilitud: bases finas que respetan textura, correcciones puntuales, rubores que "respiran" y ojos con destellos sutiles. El objetivo ya no es cubrir, sino perfeccionar sin delatar el proceso, una estética que exige diagnóstico de la piel, preparación meticulosa e integración del color con mano ligera.

Las redes aceleran tendencias, pero también homogeneizan. Por eso gana terreno el sello propio: acabados glass skin bien ejecutados, cejas laminadas naturales y pecas integradas que funcionan solo si están adaptadas a cada rostro y contexto. En ese marco, la técnica es tan importante como la gestión del vínculo con la clienta: leer estados de ánimo, pactar el nivel de riesgo y sostener resultados en jornadas largas.

Conversamos con Julia Román, maquilladora profesional, para hablar de cómo se forja una carrera autodidacta, qué define su estilo y qué tendencias confía que se consolidarán en 2026.

AA: Llevas más de diez años maquillando y los últimos tres viviendo en Madrid. Si miras hacia atrás, ¿cuándo pensaste: "Vale, esto ya no es un hobby, es mi profesión"?

JR: Fue una sensación que se asentó con el tiempo. Dejé de maquillar "por ilusión" y empecé a asumir responsabilidades: clientes que repetían, agenda en crecimiento, compromisos reales. El clic llegó cuando entendí que no era algo "mientras tanto", sino aquello a lo que quería dedicar tiempo, energía y constancia.

Nunca estudiaste maquillaje en una escuela al uso, sino que fuiste autodidacta. ¿Cómo era tu "método de estudio"?

Con 17 años me obsesioné con aprender. Después del instituto veía a las Pixiwoo en YouTube y analizaba durante horas revistas de moda para descifrar pasarela y celebrity. Practiqué con familia y amigas. Mi madre fue clave porque me enseñó el valor del detalle y de generar un ambiente al que la gente quiera volver.

A los 20 estudié diseño de moda, me ofrecí en proyectos de compañeros, organicé shootings contactando a fotógrafos y trabajé fines de semana en peluquería. Esa etapa me dio base técnica y criterio.

¿Algún descubrimiento técnico que te cambiara la forma de maquillar?

La preparación de la piel. Un buen maquillaje empieza antes del color: diagnóstico, hidratación y priming ajustados a cada rostro. La piel bien trabajada determina el resultado final.

Has trabajado con Susana Bicho, Bárbara López, Malena Alterio, Olivia Molina o Miren Ibarguren. ¿Cómo se construye esa agenda?

No hubo un hito único, sino una cadena de personas y decisiones. Miguel Zaragozá fue determinante: me apoyó desde Valencia y me conectó con actores en Madrid. Cuando me mudé en 2022, sumé por agencias, compañeros y proactividad. Con Susana, por ejemplo, surgió de forma orgánica tras maquillar a una amiga suya. La constancia y el boca-oreja hicieron el resto.

En un mercado tan competitivo, ¿qué te hace reconocible?

Me describen como elegante y rigurosa en el detalle. La piel es mi prioridad: efecto sun-kissed, pecas integradas y un brillo sutil como remate. Hay gestos que ya son lenguaje propio. He aprendido de referentes como Raquel Álvarez, pero sin perder mi rumbo. Y cuido el vínculo: humor, escucha y calma en set.

Hoy todo el mundo sube maquillajes a redes. ¿Instagram te ha ayudado o te genera presión?

Me ha ayudado mucho, he conocido compañeros, inspirado proyectos y llegado a clientes. Convivo con la autoexigencia, pero el balance es claramente positivo. Es una herramienta; el criterio sigue siendo lo central.

Como autónoma en Madrid, ¿la economía es estable o una montaña rusa?

Hay ciclos. Épocas fuertes y otras de contención, porque ser autónoma en España es exigente. Comparto piso y construyo estabilidad paso a paso. No es inmediato, pero avanzo con claridad.

¿Qué ha sido lo más complejo de la vida freelance?

Aprender a decir que no y poner límites sin culpa. Cuidar mi tiempo y mejorar mi trabajo. Negociar tarifas también fue un aprendizaje: hoy lo hago con más seguridad. Aquí agradezco a Ismael Bachiller: me ayudó a poner en valor mi trabajo.

Se habla de "alianzas" entre celebrities y maquilladores. ¿Cómo se construyen de verdad?

Con confianza y discreción. No basta con el resultado técnico, compartimos momentos íntimos y hay que tener psicología para leer necesidades y ritmos. Trabajo, actitud y causalidad: estar preparada cuando se cruza la oportunidad.

Te gusta el mundo editorial. ¿En qué se diferencia del social (bodas, eventos)?

En editorial libero la parte creativa: trazos, texturas, mezclas. En social afloro precisión y duración. Ambos se retroalimentan, la libertad creativa mejora mi técnica y viceversa.

Cuando enfrentas un rostro nuevo, ¿por dónde empiezas?

Primero, por cómo se siente la persona y su disposición a arriesgar. Después, diagnóstico de piel y rasgos a potenciar. Construimos el look juntas, alineando expectativas y contexto.

Tres rasgos imprescindibles para quien quiera dedicarse al maquillaje

Pasión, resiliencia y foco. Pasión para sostener la práctica, resiliencia para atravesar la inestabilidad y los "no" del camino, y foco para no dispersarte y seguir avanzando aunque los resultados tarden.

Si alguien de 20 años te pide una hoja de ruta para empezar…

Empieza ya. Practica contigo y con todo el que se deje. Construye un porfolio coherente y representativo. Escribe a fotógrafos, agencias y marcas. Sé humilde, buena compañera y constante. La actitud pesa casi tanto como la técnica.

Tendencias que te gustaría que se consoliden en 2026

Glass skin bien ejecutada, ceja laminada natural y pecas integradas. Siempre con control técnico y lectura de cada rostro, para que se vean actuales y favorecedoras, no "de tendencia".















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