Cada mes de enero se repite la misma escena: zapatillas nuevas, propósitos ambiciosos y una motivación inicial que parece inagotable. Empezar a correr es uno de los objetivos más habituales de Año Nuevo, pero también uno de los que más rápido se abandonan. No porque la gente no tenga fuerza de voluntad, sino porque se empieza mal. Desde un punto de vista fisiológico y de entrenamiento,
fracasar no suele venir por falta de ganas, sino por no respetar los tiempos del cuerpo. Empezar a correr y mantener el hábito no es cuestión de épica, sino de estrategia.Seguir leyendo...