Добавить новость
smi24.net
World News
Январь
2026
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31

La decisión de Segismundo

0

Parece irreconciliable con la realidad de un mundo que se ha movido construir posicionamientos cumbayá basados en los buenos deseos de las cosas chulísimas que ya no existen. Nuevos estados de consciencia aparecen inevitables mientras los Chinooks de formas gorditas y bordes redondeados revolotean sobre Caracas.

Sé que algunos chavales han nacido lo suficientemente jóvenes como para agitar banderas en esta situación. Los más viejos podemos refugiarnos en una mirada hobbesiana y reflexionar sobre cómo se produce la salchicha que tantas veces llamamos «libertad».

Un Estado moderno descrito en código fuente sería: diplomáticos en embajadas en el extranjero reclamando el dominio del territorio ante nuestros vecinos y entregando una declaración de guerra a quien amenace nuestra integridad; jueces y policías reprimiendo la disidencia, enviando a los insurrectos a la cárcel y administrando el orden y la seguridad; barcos y tanques con cañones apuntando hacia fuera, capaces de destruir edificios y matar cantidades inmensas de personas, protegiendo las fronteras de los enemigos exteriores.

Y unos tipos con manguitos, buenos en los números y con fama de amargados, recaudando impuestos para pagar posibles levas y todo lo anterior.

En el vértice superior y más estrecho de la pirámide se sitúa un líder de hombres. Maldito en vida por el terrible destino de tripular el Leviatán. Sentado en la silla del águila, tan triste y solo como siempre se está arriba del todo. Cargando con las heridas de cada peldaño del ascenso que lleva al poder.

Dispuesto a convivir cada jornada versallesca con la traición y mentira de cada uno de los cortesanos que le rodean. Entre el miedo y la amenaza constante a la pérdida de su tan deseada potestas.

Hasta ahí quedarían descritas las bases materiales por las que discurre lo que podríamos llamar el poder en un Estado moderno.

Con independencia del nombre temporal que le pongamos, sólo a golpe de la moral individual que reside en los actores de la obra de teatro, se pueden llenar las habitaciones de la corte con otros bienes que aún hoy damos por seguros.

Las acciones que se ejecutan en el tablero del poder se pueden fundamentar en la arbitrariedad o, por el contrario, en el espíritu de la ley.

Segismundo siempre tendrá que decidir si sube al trono para ejercerlo a través del egoísmo, la debilidad, la corrupción y la venganza. O quizás se dé el milagro, y como un gigante benéfico llenen sus acciones de justicia, fortaleza, prudencia o templanza.

Es al mismo tiempo tan pesimista como esperanzador saber que no hay virtud en un sistema institucional que no se construya en último término sobre el corazón de las personas.

En niveles muy inferiores a ese tablero de juego nos encontramos nosotros. En el fondo del vientre de la ballena suelen dormir atechados los artesanos y campesinos, arando la comarca a menudo inconscientes de que viven y celebran sus días debajo de una constelación de aparatos tan protectores como amenazantes.

Sólo ahí, es en ese frágil refugio al interior, rodeados por muros que patrullan hombres con fusiles, se puede dar la paz y quizás el hombre pueda dejar de ser un lobo. La paradoja, tan vieja como cierta, es que sólo en comunidades preparadas para la guerra se pueden cultivar bienes morales universales como la libertad, el comercio o la propiedad.

Confiar en el amor y la compasión, el respeto a los acuerdos y la música que se compone debajo de una estructura visible de costillas de acero, satélites de escucha y bóvedas con misiles nucleares. O esa cosa tan ridículamente extraña de considerar a todos los que nos rodean «personas».

Por muchas estrellas que lleve pintadas en el lateral, el portaaviones que la cargue en su bodega, la protección de la democracia siempre ha sido una cosa bien jodida. Mi padre me enseñó a no dar por cierta ni el agua caliente ni las libertades.

Lo primero lo trasladaba con un eficaz conmutador que apagaba ante mis excesos de uso la caldera. Sobre el pensamiento, la conciencia o la expresión, me repitió hasta el tatuaje que lo que no se usa se pierde.

Y me lo explicó una última vez, ingresado, incapaz de hablar y tumbado en su cama de hospital, exigiendo celebrar por última vez y ante notario el absurdo ritual bizantino tan estúpidamente bello como irracional de «votar».

Dejó dicho Limonov en las Ventas que aquello del toreo no era la típica mierda contemporánea. Mantener, en el mundo de reglas en ruinas de la segunda guerra fría, un ideal realista de democracia va a costarnos Dios, ayuda y esperanza. Supongo que por herencia, aun con todo lo sabido de sus fallos y con lo que nos queda por hacer en su defensa, sigo creyendo en la prudente síntesis entre Atenas y Jerusalén.

Quizás haya que darle una nueva oportunidad a lo de explicar los fundamentales que configuran la sangre y los cimientos de lo que decimos querer ser.

Repetir hasta el tatuaje que mantener en pie un acuerdo de paz civil no se construye con nerviosismo, sino que requiere toneladas de paciencia y quizás una élite de izquierdas con una personalidad más tendente a la prudencia.















Музыкальные новости






















СМИ24.net — правдивые новости, непрерывно 24/7 на русском языке с ежеминутным обновлением *