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Январь
2026

Bioeconomía para reducir la dependencia de los combustibles fósiles

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La Comisión Europea ha dado un paso decisivo con la publicación de su Marco Estratégico para una Bioeconomía Competitiva y Sostenible en la UE. Se trata de un documento que delimita el despliegue industrial de soluciones bio-basadas y que sitúa a la bioeconomía en el epicentro de la transición competitiva y climáticamente neutra del continente.

La bioeconomía, entendida como el conjunto de actividades que utilizan recursos, procesos y tecnologías de origen biológico para generar materiales, productos químicos, combustibles, textiles o servicios avanzados, deja de ser un nicho para convertirse en una palanca industrial estratégica. La Comisión es clara. Europa necesita acelerar su capacidad de innovación, escalado industrial y adopción de productos bio-basados para mantener su liderazgo global y reducir la dependencia de recursos fósiles.

Esta estrategia se fundamenta en varios principios esenciales para garantizar que la transición sea sostenible, circular y competitiva:

– Enfoque multi-actor (multi-actor approach). Impulsar la participación activa del sector primario (agricultores, ganaderos y silvicultores) no solo como proveedores de biomasa, sino como actores centrales en la toma de decisión y en los nuevos modelos de negocio.

– Valorización en cascada y economía circular. Priorizar la valorización en cascada, moviendo la biomasa desde aplicaciones de mayor valor añadido (nutracéuticos, cosmética, alimentación humana/animal) hacia las de menor valor (bioenergía, que debe evitarse o ser el último recurso). Se busca maximizar el valor de cada recurso, desde el residuo o subproducto hasta el producto y uso final.

– Integración tecnológica clave. Fomentar el desarrollo de biorrefinerías modernas y flexibles, capaces de procesar múltiples corrientes de biomasa (incluyendo residuos) para producir simultáneamente diversos productos de alto valor.

– Innovación abierta. Promover metodologías de co-creación como los Living Labs, que facilitan la experimentación e innovación en entornos reales con la participación de todos los agentes implicados.

– Beneficios múltiples. La meta es incrementar la variabilidad de ingresos del sector primario a través de nuevos negocios, mientras se aseguran modelos que sean rentables, competitivos y que mantengan la biodiversidad y los recursos naturales bajo un enfoque de ciclos de vida positivos (sostenibilidad total).

El análisis de la Comisión parte de un diagnóstico preciso:

– La competencia internacional se intensifica, con Estados Unidos y China avanzando rápidamente en biomanufactura.

– El marco regulatorio europeo sigue fragmentado y ralentiza la llegada al mercado de nuevas tecnologías bio-basadas.

– La inversión privada en plantas de demostración y primeras instalaciones comerciales es insuficiente.

– Y, al mismo tiempo, los recursos biológicos disponibles son limitados y requieren una gestión sostenible y eficiente.

Este contexto exige un enfoque más coordinado, más predecible y más orientado a generar mercados.

El documento plantea una visión ambiciosa. Hacia 2040, Europa debería contar con un tejido sólido de biorrefinerías modernas, procesos de biomanufactura avanzados y cadenas de valor bio-basadas competitivas en sectores como la construcción, la química, los plásticos, los fertilizantes, los textiles y los materiales industriales.

Este despliegue contribuiría simultáneamente a la neutralidad climática, la autonomía estratégica, el desarrollo regional y la resiliencia de las cadenas de suministro europeas.

Cuatro pilares para desbloquear el potencial de la bioeconomía.

1. Impulsar la innovación y la inversión. La Comisión Europea propone acelerar las autorizaciones y eliminar barreras regulatorias mediante instrumentos como «sandbox» regulatorios, unos procedimientos coordinados y vías rápidas de evaluación de riesgos. Además, se plantea movilizar una combinación de financiación pública y privada para salvar el «valle de la muerte» entre la demostración y el escalado industrial.

2. Crear mercados tractores para productos bio-basados. El marco prioriza sectores con soluciones maduras o cercanas a mercado. Materiales biobasados de construcción, bioquímicos, plásticos industriales, textiles sostenibles y materiales avanzados.

Las políticas de contratación pública verde, la normalización y las alianzas industriales serán esenciales para generar demanda temprana y atraer inversión.

3. Garantizar un suministro sostenible de biomasa. La Comisión subraya que la biomasa es un recurso finito. Por ello, plantea:

– Utilización en cascada priorizando aplicaciones de alto valor como los sectores nutracéutico, cosmética y alimentación animal/humana, además de biofertilizantes/bioestimulantes.

– Mayor aprovechamiento de residuos y corrientes secundarias.

– Criterios de sostenibilidad robustos y análisis de ciclo de vida.

– Protección de ecosistemas, biodiversidad y salud del suelo.

Se trata de avanzar hacia un uso más inteligente y eficiente de los recursos, no simplemente mayor volumen.

4. Reforzar el liderazgo internacional de Europa. La estrategia busca consolidar a la UE como referente global en normas, estándares y tecnologías bio-basadas. Esto incluye fomentar alianzas internacionales, impulsar estándares de sostenibilidad y asegurar un entorno regulatorio estable y atractivo para la inversión industrial.

Un enfoque central de la estrategia es el reconocimiento explícito del sector agroganadero y forestal como un agente de innovación. Mediante la adopción del Enfoque Multi-Actor y herramientas como los Living Labs, se busca:

– Convertir los residuos de las explotaciones en nuevas fuentes de ingresos, por ejemplo, a través de biorrefinerías a pequeña escala.

– Garantizar que la cadena de valor biológica genere mayor valor añadido en origen, contribuyendo a la resiliencia rural y a la gestión sostenible de los recursos naturales.

La Estrategia de Bioeconomía 2025 refleja un cambio de paradigma: la convergencia entre biotecnología, sostenibilidad e industria como motor de competitividad global. Supone pasar de proyectos aislados a un despliegue sistémico con impacto económico y ambiental real.

Europa dispone del talento, la ciencia y el tejido industrial necesarios. La cuestión ahora es con qué velocidad y ambición será capaz de transformar su bioeconomía en un verdadero vector de liderazgo global, respetando siempre el principio de sostenibilidad total y valorización en cascada.















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