Venezuela y el espejismo de la justicia
Debo admitir que me da vergüenza creer en la operación militar estadounidense en Venezuela, indiscutiblemente brillante en términos operacionales. Sin embargo, en la posterior conferencia de Trump y consecuentes declaraciones, en ningún momento he creído percibir instauración de la libertad y de la democracia; erradicación de la represión; justicia para los represaliados del chavismo; retorno de los venezolanos exiliados… Ni siquiera escuché aniquilación del narcotráfico, que en teoría es lo que le ha llevado allí. Solo he percibido control del poder, y de la producción petrolera. Y encima en términos deplorables y vergonzosos. ¿Cómo puede Trump sostener un teórico pacto con la vicepresidenta Delcy Rodríguez cuando proclama ante los venezolanos que ha de cumplir las órdenes que le sean transmitidas? Además de con dólares y expatriación a EE.UU., ¿cómo piensa ganarse a los generales para implicarles en la respuesta a esta chapuza de golpe de Estado en grado mayúsculo? El riesgo de que estalle una confrontación social que incremente la miseria del país ronda en el aire, y sin tropas en tierra de nada vale la supremacía aérea militar. Un contragolpe continuador del régimen chavista es del todo posible si no está bien atado un pacto con el Ejército. Me recordaría mucho al liderazgo del Ejército iraquí y del partido Bath en la organización de las milicias iraquíes contra EE.UU. en este país. ¿Cómo se puede ir por la vida de macarra y justiciero, cuando se es un perturbado y un interesado? Ni siquiera me cabe ya la esperanza de que el tremendo hastío de todos los venezolanos, del régimen y opositores, minimice la respuesta civil. Con un tipo como Trump, modelo a imitar por asesinos y dictadores, el mundo está efectivamente en riesgo. Enrique López de Turíso. Vitoria (Álava) La soberanía se convierte en ilusión cuando un país no puede decidir por sí mismo. Venezuela lo recuerda con crudeza: que otros impongan quién gobierna muestra lo vulnerable que es la soberanía. Cuando Washington menciona transiciones y gobiernos legítimos, la cuestión deja de ser quién gobierna y pasa a ser si un país puede gobernarse sin quedar sometido a intereses extranjeros. Lo ocurrido en Venezuela es un espejo incómodo para Europa. La seguridad de la UE sigue dependiendo del paraguas militar estadounidense. Esta dependencia convierte la autonomía estratégica en un discurso elegante, pero incompleto. Estados Unidos ha dejado claro que sus prioridades están en otras regiones. Un ejército común no es una fantasía federalista; es una necesidad política. Sin capacidad defensiva propia, Europa no es soberana: es un socio cómodo, pero subordinado. Miguel Lazcoz López. Madrid