Cuando los Reyes Magos abandonaban el Portal de Belén, el Niño Jesús levantó apenas una mano, para que se detuvieran. Y cuando el Niño Jesús levanta apenas una mano, pequeña como un dedal, el sol se pone en primer tiempo de saludo. ¡Señor, sí, Señor! , y no ha estado en los marines. El firmamento se para, en señal de respeto; se amansan las fieras más salvajes, y el tigre de bengala va a lamer los divinos piececitos, con lágrimas en los ojos, como un Ábalos macerado por Soto del Real; y a la inútil y tosca Belarra –inexplicablemente, también hija de Dios- se le atraganta el bolo alimenticio . Los Reyes Magos se detuvieron, y volvieron a arrodillarse ante...
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