Hasta el año que viene, queridos Reyes Magos. Sumamos otra mañana de 6 de enero en la que uno toma conciencia de lo generoso que sois, junto a vuestros pajes, conmigo. Es tiempo de empapelar con el viejo periódico las figuras del Belén antes de su viaje de regreso al fondo del altillo. El misterio lleva impregnado el serrín de otra Navidad, la virutas de una madera que pronto —este año antes, incluso— volverán a marcar nuestro signo de salvación. El río de papel de plata se ha secado esperando la tormenta del próximo Puente de la Inmaculada. Los pastores y su rebaño inician su particular trashumancia. La estrella ha entrado en su estado de permanente fugacidad. Y sus majestades,...
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