Vecinos que no se conocen, tiendas de toda la vida que cierran la persiana para abrir apartamentos y turistas que van y vienen. Los barrios son otros, sus comercios son cada vez menos personales y sus gentes pasean entre el anonimato y el individualismo. Atropellada por una nueva sociedad, en la última década se ha ido desvaneciendo una forma de pagar basada en la confianza, la de dejar a deber y pagar días más tarde. En Alicante, y no es exclusividad, ya no se fía. O al menos con la pujanza con la que se hacía décadas atrás.