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Se buscan 41 senadores decentes y competentes, por Rosa María Palacios

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A inicios de diciembre del año pasado, “Sin Guion”, el programa que conduzco para todas las plataformas de streaming de La República, se amplió a dos horas. La segunda hora es un espacio electoral dedicado exclusivamente a entrevistar a candidatos al Senado y a la Cámara de Diputados. Si tenemos suerte, al 12 de abril habrán pasado unos 300 candidatos. Parece mucho, pero es muy poco si se considera que con 38 partidos presentando candidatos para 130 curules de diputados y 60 de senadores, el número teórico es 7220 postulantes. Teórico porque muchas agrupaciones no alcanzarán a presentar candidatos en las 27 circunscripciones regionales y algunos otros serán tachados. Sin embargo, digamos que quedan 6000 postulantes. Con 300 llegamos solo al 5 % de la oferta electoral. Una lágrima.

Aún sumando los esfuerzos de todos mis colegas a nivel nacional (asumimos que nuestra cobertura será más fuerte en la lista de Senado Nacional y en las de Lima), es muy difícil que cualquier ciudadano, incluso uno muy informado, pueda llegar a conocer el íntegro de la oferta. Esto es ciertamente peligroso cuando para la mayoría de los postulantes el membrete que los lleva pesa poco. Podemos incorporar a alguien a nuestras preferencias porque, en general, nos gusta el partido o alguno de sus candidatos, pero no sabemos nada del resto. Una vez elegido (lo han demostrado tantas veces), nuestro votado migra a otro lugar donde la lealtad no es bien vista. ¿No deberíamos protegernos de antemano?

En estas elecciones, tenemos que hacer un esfuerzo extraordinario para no votar a ciegas y los partidos, otro esfuerzo tremendo para que su mensaje llegue entre 38 ofertas. De ahí que usted haya podido apreciar que hacer el ridículo, solo para ser visto en un reel de TikTok, es la norma en estos días. Los candidatos no encuentran nada mejor que disfrazarse de inca o de Drácula saliendo del ataúd o bailar bailes eróticos. Lo que sea con tal de al menos sepan que existen.

¿Cómo votar entonces? Van aquí mis mejores consejos, luego de cubrir durante 25 años la política peruana y con 7 campañas nacionales a cuestas. Lo primero es votar por alguien que sepa legislar. Suena elemental, pero no lo es. Legislar no es una tarea fácil, ni para amateurs. Es una tarea especializada que requiere de ciertos conocimientos y cierta experiencia previa. No es necesariamente una tarea exclusiva de abogados, pero ayuda mucho serlo o haber llevado algunos cursos básicos de derecho (en una universidad licenciada, de preferencia) o haber tenido experiencia en la negociación de controversias o en resolución de conflictos.

Fiscalizar y representar son tareas parlamentarias, es verdad. Son las primeras que mencionan todos los que no saben legislar. Pero lo que no les dicen es que son tareas voluntarias. Un congresista puede o no fiscalizar, y puede o no representar a su libre albedrío. Nadie lo juzga por hacerlo o no hacerlo. Lo que no puede dejar de hacer, aquello en que es insustituible, es legislar. Rojo, verde o amarillo. Nadie puede marcar por él o ella. Y para los que dicen “para eso están los asesores”, una sola objeción: ¿usted contrataría a alguien que no sabe hacer la tarea primordial y que necesita asesor? ¿No es mejor contratar al que está calificado? ¿Usted se dejaría operar por un médico que no es médico, pero que al lado tiene el mejor asesor?

Históricamente los Congresos tenían un corazón de un 20 % de magníficos legisladores, distribuidos en todas las bancadas, y un 80 % de disciplinados seguidores. Eso era sostenible con partidos políticos sólidos con programas e idearios claros. Hoy, esa disciplina no existe. Si el país sigue votando por gente negada para legislar, lo único a lo que se pueden dedicar es a traficar intereses particulares mientras saltan de partido en partido o de bancada en bancada diciendo que “representan”. ¿A quién representa este Congreso, elegido el 2021, con menos de 5 % de aprobación ciudadana?

Lo primero, saber legislar; lo segundo, saber legislar; y lo tercero, saber legislar. Si no sabe legislar, si no es capaz de hacer ni el reglamento del campeonato de fulbito de su barrio o las reglas de convivencia de su edificio, no sirve. He conocido en estas semanas gente bien intencionada y tal vez con buena voluntad. Pueden ser empleables en muchos lugares, pero eso no basta para el Congreso. La honestidad es condición necesaria para todo trabajo en esta vida, pero para el parlamento no es suficiente.

Dos condiciones mínimas más. Primera, es importante que los candidatos tengan experiencia de gestión en el sector público. En el nivel que sea, pero que tengan la experiencia de haber trabajado en el Estado. La cosa pública es un animal, ese sí, de una raza distinta. Tiene sus reglas y sus formas. Si no las conoces y recién vienes a aprender, estás perdido. Mejor aspirar primero a ser regidor distrital o empleado público. Sin esa formación de base, no atinan una en, por lo menos, el primer año. “Siempre se puede aprender”, me dirán. Por supuesto, pero el Congreso es la cúspide del servicio público, no el primer peldaño. Nos sale carísimo a todos los peruanos esa educación política y esta vez, como nunca, no hay tiempo que perder.

Segunda, si el candidato se presenta como especialista en lo que sea, pues que explique cómo va a convertir esa sabiduría en legislación. Es decir, por ejemplo, un educador, un abogado, un científico, un médico o un ingeniero que no puedan elaborar una idea de política pública sobre sus áreas de interés no solo no sabe legislar. No va a poder aportar nada en las áreas en las que sus electores confían futuras reformas. Descártelos.

¿Dónde debe concentrar su esfuerzo como elector? En el Senado. Si solo tiene tiempo para revisar bien, hágalo ahí. ¿Por qué importa tanto la mayoría del Senado? Porque, sin importar cuál sea la iniciativa legislativa de diputados, el Senado la convierte en lo que quiera. No importa lo que manden, con tal de que algo manden. Ser diputado solo te permite, en la práctica política, censurar ministros (no gabinetes porque te arriesgas a la disolución). No tiene gran importancia la actual Cámara de Diputados. Pero el Senado es todopoderoso. 31 miembros son los necesarios para aprobar leyes (o desaprobarlas como un gigantesco tapón) y dos tercios, 41 miembros, los indispensables para reformar la Constitución, destituir y nombrar al TC, parte del BCR, Defensor del Pueblo y destituir a la JNJ. 41 miembros son los que definen, en última instancia, la vacancia express que este TC ha constitucionalizado para futuros presidentes. Solo 41 personas lo definen todo. Piénselo bien.

Estas son las reglas. Ahora, ¿a quién le vamos a dar tanto? Por mi parte, los responsables de este desbalance de poder merecen una sanción popular y política. Por eso y mucho más: #PorEstosNo















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