España no formó parte de la Primera Guerra Mundial porque nos pilló llorando Cuba, descubriendo Castilla y leyendo El Quijote. Y menos mal porque, de haberlo hecho, el país se habría dividido entre germanófilos y aliadófilos y, como es tradición, habríamos aprovechado la ocasión para matarnos entre nosotros, que es nuestra unidad de destino en lo espiritual. Se ve que tras tres guerras carlistas habíamos cogido carrerilla y decidimos que mejor librar una cuarta, la Guerra Civil, que defender Polonia. Así que también nos libramos de la Segunda Guerra Mundial y, quizá por eso, ahora pensamos en nazis y en comunistas como en personajes de la literatura fantástica. Nos falta la cicatriz de espejo y así no hay quien recuerde...
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