La osteoporosis es una enfermedad silenciosa, que no duele, hasta que llegan las roturas de hueso y las refracturas. En sus inicios es, por tanto, difícil de diagnosticar y más si sucede antes de la mediana edad. Así le ocurrió a Raquel Sánchez. Ella, menuda y amable, con toda la energía que la enfermedad no ha conseguido robarle, explica cómo, en su caso, el hallazgo fue casual. «Tras el parto de mi tercera hija empecé a tener desarreglos hormonales. Al constatar indicios de una menopausia precoz, mi ginecóloga me pidió una densitometría, una prueba que sólo se prescribe a partir de los cincuenta años. La sorpresa fue mayúscula, porque ya entonces, a mis treinta y ocho, la osteopenia era clara...
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