El baloncesto universitario estadounidense ha dejado de ser un refugio puramente académico para convertirse en un mercado financiero agresivo. Desde la aprobación de la normativa
NIL (Nombre, Imagen y Semejanza) y la posterior introducción del modelo de reparto de ingresos, la
NCAA ha mutado en una "agencia libre" global sin regular. Lo que antes era una aventura formativa para el jugador europeo, hoy es una competencia desleal para los clubes profesionales, que ven cómo sus mejores prospectos hacen las maletas atraídos por ofertas millonarias contra las que es imposible competir.
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