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El servicio como ventaja competitiva

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El Dia 

Este artículo fue publicado originalmente en El Día.

En un mercado donde casi todo puede copiarse, el servicio al cliente se ha convertido en el verdadero territorio donde las organizaciones se diferencian o se diluyen. Los productos se parecen, los precios compiten, las campañas se replican. Lo que no se replica con facilidad es la experiencia que una persona vive cuando se siente atendida con respeto, cuidado y coherencia. Ahí es donde una empresa empieza a ser recordada o evitada.

El cliente no evalúa a una organización solo por lo que compra, sino por cómo se siente antes, durante y después de ese intercambio. Observa los gestos, percibe los tonos, interpreta los silencios. Un proceso puede ser eficiente y aun así dejar una sensación amarga si quien lo ejecuta no transmite interés genuino. El servicio no es un área, es una vivencia completa que atraviesa a toda la organización.

Muchas empresas creen que cuidar al cliente depende exclusivamente del carisma individual de quien atiende; esa idea es peligrosa. El buen servicio no debería ser un acto heroico ni una casualidad, sino el resultado de una inversión consciente: formación continua, procesos claros, autonomía responsable y una cultura que valore al cliente tanto como al resultado financiero. Cuando el personal no se siente respaldado, escuchado o valorado, difícilmente podrá cuidar a alguien más con esmero.

La reputación de una organización no se construye en los grandes discursos, sino en los pequeños momentos repetidos. Una llamada mal atendida, una respuesta tardía, una solución indiferente, cada interacción deja una huella que se suma, que circula y se comparte. Hoy un cliente insatisfecho no se va en silencio, se va contando su historia. Y esa narrativa, justa o no, empieza a definir a la empresa más que cualquier publicidad.

En sectores donde varias empresas ofrecen exactamente el mismo producto, el servicio se vuelve la diferencia definitiva. No gana quien vende más, gana quien acompaña mejor; gana quien escucha con atención, quien responde con claridad, quien asume errores sin excusas y entiende que detrás de cada reclamo hay una expectativa no cumplida, no un enemigo. El cliente no busca perfección, busca coherencia y trato humano.

Invertir en formación sobre servicio al cliente es invertir en sostenibilidad; es comprender que cada colaborador que interactúa con un cliente representa a toda la organización, a sus valores, a su ética, a su nivel de compromiso. No se trata de sonreír por protocolo, sino de comprender el impacto real que tiene una mala experiencia en la confianza construida durante años.

Las organizaciones que entienden esto dejan de ver el servicio como un costo y empiezan a verlo como un activo estratégico. Saben que el cliente cuidado regresa, recomienda y defiende. Saben que el cliente ignorado se convierte en una advertencia pública. En tiempos donde todo se compara y todo se comenta, cuidar al cliente no es una opción, es una responsabilidad ineludible.

Al final, las empresas no serán recordadas solo por lo que vendieron, sino por cómo hicieron sentir a quienes confiaron en ellas. Y esa memoria, silenciosa pero persistente, es la que define quién permanece y quién desaparece del mercado.

La publicación El servicio como ventaja competitiva apareció primero en El Día.















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