La ruptura entre
Kiko Rivera, de 41 años, e
Irene Rosales, de 34, parecía haberse gestionado desde la calma y el respeto mutuo. Tras anunciar su
separación al finalizar el verano, ambos asumieron que la relación estaba desgastada después de meses complicados. Aun así, intentaron mantener una convivencia cordial centrada exclusivamente en proteger la estabilidad emocional de sus dos hijas.
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