La comunicación: columna vertebral para el éxito de proyectos en Cuba
La Habana. — En Cuba, los proyectos de desarrollo han estado tradicionalmente regidos por metodologías importadas de Europa, Canadá o Estados Unidos, sin embargo, estas estructuras no siempre responden a las particularidades de nuestro contexto social y cultural.
Así lo refrendó la doctora en Ciencias, Ana María del Risco Rodríguez, Investigadora del Centro de Desarrollo Local y Comunitario (CEDEL) y profesora adjunta de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, en su propuesta de innovación: reconfigurar el ciclo de vida de los proyectos para integrar la comunicación como elemento estructurante y no como simple acompañante.
El modelo que plantea la académica establece cinco fases: inicio, identificación, diseño y planificación, ejecución y cierre y cada una incorpora procesos comunicativos que permiten gobernanza, transparencia y participación desde el primer momento.
En reciente entrevista a la prensa, del Risco explicó que la fase de inicio, por ejemplo, deja de ser un trámite administrativo para convertirse en el espacio donde se define la gobernanza comunicativa, los roles de los actores y la construcción de confianza.
En ese sentido expuso que la comunicación interna y externa constituyen dos dimensiones inseparables, a partir de que un proyecto es, en sí mismo, una organización, por lo que la comunicación organizacional debe aplicarse tanto a la gestión hacia dentro como a la relación con los beneficiarios.
La comunicación para el desarrollo, según la experta, se convierte en la vía para que las comunidades participen, opinen y se apropien de los resultados, a fin de evitar el riesgo de que los proyectos se conviertan en meras soluciones tecnológicas que desaparecen cuando se agotan los recursos, sin dejar huella cultural ni social.
En ese punto, la doctora en Ciencias destaca que el mayor aporte del modelo de innovación que propone en su tesis doctoral es la participación.
«La comunicación abre espacios para que voces históricamente excluidas sean escuchadas y consideradas en la toma de decisiones. La transparencia y la sostenibilidad dependen de que los beneficiarios se reconozcan como parte activa del proyecto. De lo contrario, los resultados se diluyen y los esfuerzos fracasan», expresó.
En los estudios de caso analizados, confirma la tesis de del Risco, muchos proyectos fallaron porque la comunicación fue vista como un accesorio, por lo que sin procesos comunicativos sólidos, no hubo sostenibilidad ni viabilidad. «La lección es clara, sin comunicación no hay desarrollo real», subrayó.
No obstante, la entrevistada enfatizó que el desafío principal está en la resistencia institucional, ya que la mayoría de las organizaciones cubanas mantienen estructuras verticales que ven la comunicación participativa como una intromisión.
«Cambiar esa cultura implica reconocer que la comunicación no es un eje transversal con acciones puntuales, sino el sustento que articula todo el proyecto», definió al tiempo que reconoció que es un cambio cultural complejo, pero indispensable «si queremos proyectos que transformen la vida cotidiana y no solo resuelvan carencias temporales», dijo.
Al cierre del diálogo, la doctora en Ciencias Ana María del Risco Rodríguez precisó que «la comunicación no es un lujo ni un añadido: es la condición de posibilidad del cambio social, sin ella, los proyectos se convierten en estructuras vacías, incapaces de generar sostenibilidad ni apropiación cultural, con ella, en cambio, se abren caminos hacia la participación, la transparencia y la transformación real de nuestras comunidades».
El reto ahora está en asumirla como estructura fundacional del desarrollo, y no como un acompañante, experiencia que pone en práctica hoy el programa “Transición Ecológica hacia un Municipio Sostenible en Cuba”, iniciativa de la Unión Europea y coordinada por la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo y el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas, junto a sus contrapartes cubanas del Ministerio de Economía y Planificación y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente a través de su CEDEL, desde donde la doctora del Risco aporta sus conocimientos a la concreción de un modelo de desarrollo sostenible en ocho municipios de Cuba.
