"La misteriosa mirada del flamenco": el amor de la familia "queer" elegida
La juventud, la viveza en la mirada y la luminosa cadencia con las que Diego Céspedes expone verbalmente el motor principal de sus pasiones son directamente proporcionales al elevado porcentaje de carga poética con el que concibe la formulación cinematográfica de su trabajo y del que ha decidido servirse para la creación de «La misteriosa mirada del flamenco». En esta ópera prima cargada de sutilezas visuales y oníricos planteamientos estéticos que envuelven una historia de denuncia social, comunidad y tejidos de redes afectivas casi todos los personajes que la integran parecen estar cargados de posibilidad, pese a la inclemencia de sus particulares realidades.
Enclavada en el polvo ambiental de un recóndito pueblo minero en el Chile de la década de los ochenta con el fantasma del VIH sobrevolando como una presencia fantasmagórica y condenatoria las miradas de amor entre sus afectados, la cinta encabezada por una niña de once años que ha crecido en el seno de una familia «queer» se convierte desde los primeros fotogramas en una reivindicación inherente de los márgenes.
"No veo posible otro mundo dónde y desde el que crear que la disidencia"
Único lugar desde el que el cineasta chileno concibe la expresión de su arte, tal y como explicaba en entrevista con este periódico durante la celebración de la pasada edición del Festival de San Sebastián, certamen por el que pasó después de ganar el Gran Premio del Jurado en Cannes y antes de convertirse en la película elegida para representar a Chile tanto en la carrera por el Óscar como en la de los Goya: «Como parte de una clase social obrera, creo que el mundo que se cuenta en esta película y también el de las disidencias son espacios muy naturales y familiares para mí. No veo posible otro mundo donde y desde el que crear. Es el universo en el que yo he crecido, en el que he aprendido, en el que me he inspirado y en el que he aprendido también a explorar la oscuridad», destaca antes de completar: «Y esto es algo que ahora, ya más grande y teniendo un poco más de plataforma y de experiencia, puedo verlo de una manera más alejada y reivindicativa y decir ‘‘bueno, aquí hay que hacer algo y hay que seguir trabajando sobre estos márgenes para que no empiecen a desaparecer’’». Preguntado por la integración de la familia elegida en la trama, Céspedes apuesta por la creencia en que «en el fondo estos personajes que buscan ternura, amor, pertenencia, imitan las bases de la familia tradicional», remata.
