La izquierda, a echar cabeza pero ya
Frente al autoritarismo de Trump, la política progresista debe impulsar una alternativa confiable. Y España, en un contexto europeo tan derechizado, está llamada a un papel clave. No pueden cometerse más errores no forzados
Groenlandia es la punta de lanza de Trump para destruir la OTAN y deslegitimar a Europa
Con el terrible precedente de Hitler, Donald Trump, pese a haber sido democráticamente elegido como presidente de EEUU, ejerce de líder autoritario y violador de leyes. Actúa contra Venezuela o Groenlandia, para quedarse con sus riquezas; pero también contra la gente estadounidense, hoy amenazada de muerte a poco que se cruce con pistoleros de esa supuesta guardia de control fronterizo que es el ICE.
Trump nos empuja al abismo. Tensiona al máximo la convivencia interna en su país, con el matonismo del ICE, amenazando con lanzar al ejército contra manifestantes, ordenado al FBI a allanar pisos de periodistas. En definitiva, acerca temerariamente a su población al conflicto civil. Y, con la excusa, del pulso a China y Rusia, nos pone en el disparadero a las democracias europeas.
Esto es lo que hay. Y no lo esconde. Lo vemos. No es ningún lobo solitario sino el ariete del neofascismo empeñado en asaltar lo que debería ser la fortaleza del multilateralismo basado en leyes y derechos humanos. Una estructura de garantías debilitada porque desde que se aprobó, tras la II Guerra Mundial, no la hemos defendido con la convicción y recursos debidos.
“Albacetazos” no solo se dan en el fútbol
Vemos como sin creerlo. Nos quitamos de la cabeza, como autoprotección psicológica, la gravedad de la amenaza y la diferencia de fuerzas. Ahí tenemos a Groenlandia, parte de Dinamarca (por una historia colonial reprobable como todas), con 57.000 habitantes, 20.000 menos que Alcalá de Guadaíra (Sevilla) y, en cambio, con una extensión de cuatro Españas, patrullada por sus fuerzas de seguridad y con un refuerzo europeo de decenas de soldados franceses, alemanes, suecos, noruegos... al que no descarta sumar efectivos España, esperando el posible ataque del más poderoso ejército del mundo a sus socios de la OTAN.
Los “albacetazos” no sólo se dan en el fútbol. Y por más que un rico y poderoso como Trump quiera imponerse, se le puede parar. Para lo cual no basta desearlo con pasión ni movilizarnos. Se necesitan liderazgo y un plan
Pero, frente al escapismo mental, hay que afrontar, preparar y poner en marcha la estrategia que conviene a la población democrática global. Las victorias de David contra Goliat no son insólitas. Y junto a precedentes de lucha armada como las victorias de Vietnam sobre EEUU en los 70, o las guerras de independencias africanas frente a sus colonizadores europeos en los 60 hay también ejemplos de resistencia no violenta, como las lideradas en los 40 por Ghandi en India frente al imperio británico o Mandela hasta acabar con el apartheid en Sudáfrica en los 90. Esta semana un anuncio importante ha pasado quizá inadvertido para muchos: la mayor gestora del mundo va a desinvertir en EEUU por las políticas “impredecibles” de Trump.
Los “albacetazos” no solo se dan en el fútbol. Victorias deportivas así, frente a ricos y poderosos, por parte de modestos con convicción caen bien, incluso a aficionados del club derrotado. Porque son una revancha frente a la prepotencia de quien da por supuesto ganar. Pero para vencer no basta desearlo con pasión, ni implicarse en equipo. Se necesita liderazgo y un plan.
Dejar de cometer errores no forzados
Ante el grave contexto global y ante la inquietante perspectiva en España donde las encuestas electorales dibujan un panorama con Vox al alza y marcando las políticas del PP, resulta inexplicable que las izquierdas se empeñen en complicarse la victoria a base de errores no forzados.
Alguien me explicará, ¿con qué idea lanza la parte socialista del gobierno su plan de vivienda sabiendo que las exenciones fiscales a los caseros son rechazadas por los cinco ministros de Sumar? ¿Y cuál es el sentido de presentar el plan de financiación autonómica si lo rechazan todas las autonomías, salvo Cataluña, incluso las otras socialistas (Asturias, Castilla La-Mancha y Navarra)? ¿No ven o minimizan el coste electoral, en las autonómicas, de medidas que se reciben como injustas?
Ante el grave contexto global y la inquietante perspectiva en España de ascenso de Vox e influencia sobre el PP, es inexplicable que el gobierno de izquierdas presente un plan de vivienda no consensuado entre PSOE y Sumar y otro de financiación autonómica criticado hasta por las autonomías socialistas
Frente al desastre del PP en la gestión de la dana en Valencia, con sus 230 ahogados, frente al caos con que el PP de Andalucía ha gestionado los cribados de cáncer de mama cuyas cifras de afectadas aún no revela, nada indica por ahora que la población valenciana, andaluza, ni española en conjunto, vaya a elegir de forma mayoritaria izquierdas. Habrá razones ¿no?
El economista y compañero columnista, Alberto Garzón, apuntaba en su último artículo a la “falta de impulso transformador” del gobierno de coalición PSOE-Sumar. Y, aludiendo a su etapa de ministro del ejecutivo previo, de coalición PSOE-Podemos, citaba “frenos y obstáculos fundamentalmente ideológicos”
Seguro que mucha militancia, simpatizantes y votantes a la izquierda del PSOE atribuyen esa tibieza al ala socialista. Pero yo no veo por ninguna parte una movilización brutal para aumentar el peso más izquierdista en un futuro gobierno.
Dilemas de los más izquierdistas
Al contrario, lo que detecto, en sectores de lo más izquierdistas es desengaño y frustración ante la incapacidad de sus representantes para influir más, como es necesario, para plantar cara al fascismo y mejorar las vidas de la gente, vivificando la fe colectiva en la democracia.
Apuesto, conociendo el resultado de antemano, a que las y los representantes de la miríada de partidos izquierdistas no estarán de acuerdo. Lo sé porque se lo digo a quienes me encuentro por trabajo y no me echan ni caso. Pero sus bases de simpatizantes e históricos votantes se debaten, dada la división en siglas, tristes, angustiados e indignados, entre:
- Votar al PSOE para evitar la irrelevancia por dispersión de votos (en las autonómicas andaluzas van a presentarse cuatro papeletas a la izquierda del PSOE y/o más andalucistas: Por Andalucía (IU, Más Andalucía, Equo e Iniciativa), Podemos, Adelante Andalucía, Andalucía por sí);
- Abstenerse, llenos de impotencia y hartos de todo;
- Votar a alguna de las candidaturas de izquierdas con tal de evitar la desaparición total del espacio, clave porque, sin él, el PSOE se atempera demasiado.
Pasos como los de IU en Andalucía de elegir en primarias a Ernesto Alba como candidato a presidente de la Junta para, un mes después, anunciar la decisión orgánica de que, en vez del elegido por las y los militantes, el cabeza de lista será Antonio Maíllo, no ayudan nada a que la militancia se sienta respetada y crea en la democracia interna. Por no hablar de que poner de líder en Andalucía a quien ya es Coordinador Federal no traslada confianza en contar un amplio banquillo.
Quizá algún aludido encaje el análisis como ataque. Tristemente, me ocurrió en las municipales de 2015 cuando publiqué la columna El momento es ahora y en Sevilla no será tras lo cual, en efecto, hubo ayuntamientos del cambio en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, A Coruña, Cádiz… pero no en Sevilla. Como estaba cantado.
Lo que yo creo, desde mi más profunda razón y siento de todo corazón, es que la izquierda tenemos que dejar de hacernos trampas al solitario y echar cabeza. Hoy mejor que mañana. La petición, por parte de IU, de superar el espacio Sumar, incluida en el informe político que hoy Maíllo expondrá ante la Coordinadora Federal, ¿ayudará a aglutinar voluntades o provocará nuevos choques y rupturas? Veremos, mientras el tiempo apremia.
