En busca del diamante negro: tras el rastro del pionero de la 'caza' de trufas silvestres en Álava
Un documental homenajea a Joaquín Pueyo, hombre procedente de la localidad oscense de Barbastro que se desplazó cada temporada durante décadas hasta Álava para buscar trufas silvestres
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La trufa hoy día se cultiva en fincas, en grandes extensiones que producen cosechas regulares, pero durante décadas y décadas se 'cazaba'. Había intrépidos viajeros que durante la temporada, entre los meses de noviembre y marzo, viajaban muchos kilómetros acompañados de sus perros truferos para buscar ese 'diamante negro'. Joaquín Pueyo, procedente de la localidad oscense de Barbastro, vio en Álava una tierra con los más exquisitos trufales y los pateó durante cerca de cuarenta años para recoger kilos y kilos de trufas silvestres. Ahora, la asociación etnográfica Amalur ha rescatado la historia de este pionero y quiere plasmarla en un documental que libre del olvido una tradición que poco a poco va muriendo al ritmo de otras peculiaridades del mundo rural.
La idea del documental surgió en 2022, en el seno de Amalur, a la que pertenecen dos truferos, Igor Zubizarreta y Txema Martínez de Antoñana, que son también presidente y tesorero; un guía de turismo, Arturo Martínez, que funge como secretario y adora sumergirse en los archivos históricos, y Miguel Hernán, que además de vicepresidente es cámara. En su mente se dibujó la idea de explorar los orígenes de la búsqueda de trufas silvestres en Álava, una tradición de mucho recorrido pero también de orígenes inciertos. A mediados del siglo XX, el triángulo de la trufa silvestre se trazaba uniendo en el mapa los puntos de las localidades de Santa Cruz de Campezo, Orbiso y Antoñana, todas ellas pertenecientes ahora al municipio de Campezo. Como perros truferos, que se valen del olfato para buscar trufas enterradas, empezaron a indagar. Las primeras pistas apuntaban a “los hombres de negro” y “los catalanes”, de los que se hablaba como si fueran figuras míticas.
Se pensaba que los primeros hombres conducidos hasta ese triángulo por el olor de las trufas habían sido catalanes, pero la asociación, en el transcurso de su investigación, desempolvó del Archivo Histórico de Álava un documento que desmentía esa idea preconcebida. Está fechado en Antoñana el 12 de septiembre 1964. En él, el presidente de la junta administrativa de Campezo da cuenta de que dos hombres, Antonio Altemir Mora y Valeriano Lanau Lanau, han ofrecido “la cantidad de mil quinientas pesetas por el aprovechamiento durante un año de la especie denominada 'trufa' en los montes catalogados de utilidad pública de este pueblo”. Al cambio y actualizadas, esas 1.500 pesetas equivaldrían a unos 365 euros actuales. Se requiere, según se lee en el escrito, de la autorización previa de la Diputación de Álava y por ese motivo se traslada a esa instancia superior. Unos días después, el 24 de ese mismo mes, llega la autorización de la Diputación, que recalca que el aprovechamiento se extiende durante el próximo año forestal, hasta el 30 de septiembre del año siguiente, 1965. Campezo, a su vez, hubo de abonar a la tesorería foral 150 pesetas en concepto de “canon provincial”.
Cuenta Martínez, el guía de turismo, que, a la luz del descubrimiento en el archivo, empezó a recabar información sobre esos dos hombres, Altemir y Lanau. Las pesquisas lo conducen hasta Barbastro, en la provincia de Huesca. Consigue un número de teléfono y, al otro lado de la línea, habla la viuda de uno de aquellos pioneros. Ambos fallecieron, le cuenta a Martínez, pero había un tercer socio de la cooperativa, que no figura en los documentos, pero que también se desplazó desde la localidad oscense hasta Álava año tras año para seguir el rastro de las trufas. Con Martínez de Antoñana, trufero y también miembro de la asociación, Martínez se fue a Barbastro en 2023. Querían conocer a ese hombre y grabarlo, para dejar constancia de su trayectoria. “Cuando volvimos, comenzamos a pensar que la historia que nos había contado era tan potente que había que intentar crear un documental”, confiesa Martínez.
Ese hombre es Joaquín Pueyo, protagonista de 'Donde duerme la trufa. Joaquín, el pionero de la trufa alavesa', un proyecto documental del que este sábado se presenta un aperitivo para dar a conocer su historia y tratar de recabar recaudación con la que culminar el documento audiovisual. Pueyo se dedicó a buscar trufas un año sí y al siguiente también, hasta sumar cerca de cuatro décadas. Desde Barbastro, y con su cuñado, se acercó primero a Cataluña y más adelante dirigieron sus esfuerzos hacia Navarra. Un día de búsqueda, avistó desde allí un encinar en Santa Cruz de Campezo que, en palabras de Martínez, le parecía que tenía “muy buena pinta” y se decidió a dedicar una mañana a explorar la zona alavesa. “Cogió en una mañana veintitantos kilos de trufas y vio que tenía un potencial importante. A partir de ahí, se vino de la zona de Navarra”, prosigue Martínez. Pueyo era de la opinión de que, en aquellas décadas de 1960 y 1970, no había trufa silvestre que superase a la que se cogía en Álava. Quizá, asegura, una zona de Guadalajara estaba a la par, pero ninguna más.
Durante décadas, Pueyo y su cuñado se alojaron en el hostal El Casino, ya desaparecido. Las temporadas de trufa iban desde finales de noviembre hasta comienzos de marzo. En ese hostal en el que durmieron tantas noches, la casualidad quiso que se encontraran con otra pareja que también, al igual que ellos, buscaba trufas en la zona y que también como ellos procedía de Barbastro. Eran Altemir y Lanau. “En vez de estar a la bronca, decidieron unir esfuerzos”, cuenta Martínez, que explica que conformaron una cooperativa. Pero no solo bastaba con buscar, encontrar y recoger la trufa, sino que había más tareas. En plena dictadura franquista, y auxiliado por sus conocimientos de francés y sus contactos, Pueyo sacaba la colecta de España, llevaba cientos de kilos hasta Francia, los vendía y conseguía reintroducir el dinero en España a la vuelta. “Fue un adelantado a su época”, remacha Martínez sobre el pionero.
Los actos que se celebran este sábado en Orbiso (a las 10:30, en la báscula) y Santa Cruz de Campezo (a las 12:00, en la casa de cultura) servirán de homenaje a Pueyo, cuya vida, según sostiene Martínez, ha sido “excepcional”. La asociación mostrará cómo se desarrolla el trabajo tradicional de la búsqueda de la trufa, a lo que seguirá la presentación en público de Pueyo, acompañada de la presentación de un 'teaser' del documental. La asociación espera lograr financiación para producir el documental completo y por eso va a lanzar una campaña de 'crowdfunding'. Más tarde, esa misma mañana de sábado, habrá también un 'catering' en el que la trufa tendrá un papel protagónico. “Este evento supone un reconocimiento a la memoria viva del territorio, a quienes abrieron camino en el mundo de la trufa y al patrimonio cultural ligado a la Montaña Alavesa”, señalan desde Amalur. En cualquier caso, el listado de asistentes a los actos se ha dado ya por cerrado.
Para Pueyo, será el retorno a una tierra que pateó durante casi cuarenta años, sondeando trufales y recogiendo kilos y kilos de trufas. Martínez subraya que Pueyo, el pionero, puede ofrecer un testimonio en primera persona de unos modos de vida y unas costumbres ruales que ya están desapareciendo.
