En su último partido en la Copa África,
Sadio Mané demostró una vez más quién es en el fútbol, en la vida. Fue quien persuadió a sus compañeros de que volvieran al terreno de juego cuando estos, inducidos por su seleccionador,
Pape Thiaw, se retiraron tras pitar el árbitro un penalti polémico a favor de
Marruecos en el descuento de la final.
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