El faro en una isla desierta donde se puede dormir con únicamente la compañía del Atlántico
En España hay muchísimos alojamientos que se salen fuera de lo común y que sin duda proporcionan una experiencia única a quienes se atreven a dormir en ellos. Uno de los lugares más peculiares en los que se puede pasar una noche es sin duda un faro, y aunque en territorio español hay varios en los que es posible pernoctar, como el de Isla Pancha en Ribadeo, hay muy pocos que comparen con la majestuosidad de uno que se ubica en una remota isla en Francia.
En la apasionante región gala de Bretaña, frente a la costa más occidental de la Francia continental, se erige sobre las frías aguas del Atlántico un inhóspito islote desierto conocido como Isla Virgen. Este recóndito enclave se encuentra a 1,5 kilómetros del litoral de la comuna de Plouguerneau, en el departamento de Finisterre. No cuenta con ningún vecino en ella, y hasta hace 15 años la única presencia permanente era la de los encargados de cuidar de los dos imponentes faros que se levantan sobre ella, y en uno de ellos es posible dormir.
La historia de los faros de Isla Virgen en Bretaña (Francia)
A mediados del año 1842, las autoridades pertinentes comenzaron a erigir en esta isla de seis hectáreas el faro blanquecino más pequeño, el cual alumbró por primera vez en el año 1845 y cuya lámpara está situada a unos 33 metros de altura. El segundo faro comenzó a erigirse a finales del siglo XX, en 1897, debido a los problemas de iluminación que daba el primero; fue inaugurado un lustro más tarde y con sus 82 metros de altura es el faro de piedra más alto de todo el planeta.
Los faros de la Isla Virgen, cuyo nombre proviene de una capilla erigida en el siglo XV en honor a la Virgen María, estuvieron en uso hasta el año 2010, cuando el tradicional oficio se automatizó; eso sí, esa revolución no significó su fin, ya que la casa ubicada a los pies del más pequeño en la que vivían los fareros se ha convertido en un precioso alojamiento donde se puede vivir una experiencia inolvidable en pleno Atlántico.
La antigua casa de los fareros es ahora un ‘ecogîte’ (en francés combina las palabras ‘sostenible’ y ‘rural’) de unos 150 metros cuadrados en los que se puede vivir como un farero durante una noche. Con capacidad para casi una decena de personas, esta vivienda con suelos de piedra y que energéticamente sostenible es ideal para todos aquellos que buscan alejarse del mundanal ruido en la Costa de las Leyendas.
El mobiliario del siglo XIX se combina con el contemporáneo y con las comodidades del siglo XXI para crear un alojamiento único en Francia desde el que se tienen unas vistas privilegiadas del Atlántico, y es que desde la segunda planta se puede subir directamente al faro a través de una escalera de caracol acristalada. Eso sí, el precio de una noche puede llegar a ser de casi 750 euros, pero merece la pena el desembolso.
