Desde siempre,
la convivencia en las comunidades de vecinos ha sido un terreno propicio para los
conflictos entre propietarios e inquilinos. Los ruidos a deshora, los olores procedentes de otras viviendas, las obras interminables o el uso indebido de zonas comunes
han generado tensiones habituales, especialmente en fincas antiguas o con viviendas muy próximas entre sí.
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