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De la Sierra al Ávila

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Que si «llegó desde la explanada de El Silencio caminando» y de allí «se dirigió al (monte) El Ávila ¡a pie!»; que si aquello «se llama así porque el Comandante se paró aquí, contempló el Ávila frente a él y exclamó lo mucho que se parecía a su Sierra del Oriente cubano».

Cada quien cuenta su historia para explicar el nombre de uno de los barrios más carismáticos de la populosa y combativa parroquia 23 de Enero, en el municipio Libertador de Caracas. Son historias teñidas de leyenda que reflejan la admiración, y de alguna manera, también permiten a los vecinos hacer un poco suyo a Fidel Castro.

Lo cierto es que todavía está incólume la tarima de cemento con balaústres de metal desde donde, aseguran algunos, se dirigió a los vecinos de acá arriba, una comunidad con nombre emblemático para cualquier cubano: Sierra Maestra. Entonces acababa de triunfar la Revolución en Cuba y Venezuela celebraba el primer aniversario del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, todavía enardecida tras la movilización que lo había sacado del poder exactamente 12 meses atrás.

Si viniese ahora, puede que el líder cubano dijese las mismas frases que la tradición oral le adjudica haber pronunciado allí en 1959. Ciertamente, las calles del Sierra Maestra, erigido frente al monumental cerro El Ávila, son muy parecidas, al menos, a las de la Cuba de hoy.

Un grupo de niños juega a las bolas y los hombres han plantado en medio de la acera la mesa de dominó, mientras las mujeres se solazan después de llenar las tendederas, que asoman y se descuelgan, polícromas y danzarinas, desde los escuetos y descorchados balcones.

(…)

«El barrio ha crecido y se ha poblado, y es revolucionario ciento por ciento», asegura Antonio Rojas, quien ha dejado el cómodo taburete en el bodegón para ir hasta el mostrador a comprar cervezas y un trozo de queso «de telita». «!Cómo los cubanos se van a ir sin merendar!»

La llegada del Comandante 22 días después de la huida del tirano Fulgencio Batista de Cuba, y justo cuando la nación sudamericana festejaba el primer año de su victoria, volcó a la gente a recibirlo en lo que fue considerada la mayor manifestación vista en el aeropuerto internacional de Caracas, que reunió «entre 30 000 y 35 000 personas».

En su número de esa semana, la revista Élite retrató el acontecimiento como «un amanecer de otro 23 de enero memorable». Era la primera visita de Fidel a Caracas como líder de la Revolución Cubana.

«No hubo cometazos que celebraran la libertad conseguida 365 días antes, pero sí preparativos para salir a Maiquetía a recibir a Fidel Castro». En el aeropuerto, «hermanados por un mismo sentimiento», estaban «hombres de muchas nacionalidades», contó la publicación al describir el «mar de banderas» que se agitaba con la brisa cuando a la 1.12 de la tarde del 23 de enero de 1959 tocó pista el avión Constellation de LAV que llevaba a bordo a Fidel.

Un día antes, además de los cintillos de primera plana, dos anuncios pagados en el periódico habían convocado al recibimiento. Uno lo firmaba la Unión Patriótica Dominicana. El otro encabezaba la propia página 35 del diario, y estaba suscrito por el Movimiento 26 de Julio-Sección Venezuela: «Nuestro Héroe Nacional Fidel Castro llegará mañana 23 de enero a las diez, para compartir con el pueblo de Venezuela el júbilo de esta fecha gloriosa, que también es júbilo de toda Cuba». Y el encabezado enunciaba: «A nuestros héroes y hermanos venezolanos: Cuba libre y feliz te saluda y abraza».

Fueron esas, poco más o menos, las palabras con que Fidel abriría su discurso en el también multitudinario mitin de la Plaza Urdaneta de El Silencio, adonde llegó al filo de las seis de la tarde del propio día 23, dijo Élite, «todavía sin curarse de la fuerte afección gripal que sufría (…) Tosió mucho y se llevó el pañuelo a la boca varias veces».

«A las 7.58 –reseñó la publicación- pronunció (Fidel) sus dos primeras palabras, con las que ya cautivó a sus 150 mil oyentes. Dijo así: “!Hermanos de Venezuela!”.

El propio Comandante rebelde aludiría en su discurso a la similitud de las circunstancias recientes de ambos pueblos, luego de recordar los horrores causados por Batista y los diez años de la dictadura perezjimenista: «Somos los venezolanos y los cubanos, hermanos gemelos en la desgracia y el dolor».

Terminó sus palabras como había empezado: dando las gracias y reciprocando la solidaridad. «Si alguna vez Venezuela llegara a estar bajo la bota de un tirano, ¡cuente con los cubanos de la Sierra Maestra!».

En los dos días siguientes se cumpliría con bastante precisión el programa anunciado por El Nacional la víspera del arribo (y que incluyó su encuentro con Wolfgang Larrazábal,  presidente de la Junta que había tomado temporalmente el poder luego de la caída de Pérez Jiménez Patriótica, Wolfgang Larrazábal): visita al Consejo municipal de Caracas, que declaró a Fidel Huésped de Honor de la Ciudad, y después a la Cámara de Diputados, donde le dio la bienvenida Domingo Alberto Rangel; también lo recibió el Colegio de Abogados y la Universidad Central, en cuya Aula Magna lo escucharon miles de estudiantes que habían aguardado su llegada por cinco horas; recorrido por el cerro El Ávila, por cuyos montes desanduvo luego del consabido viaje a su cima en el teleférico; visitas a la Plaza Bolívar y al Panteón Nacional, y breve entrevista con el entonces ya presidente electo, Rómulo Betancourt, en lo que el Comandante cubano calificó como una visita de cortesía. “Creí elemental saludar al Presidente…”.

Partió de Venezuela a la una y media de la madrugada del martes 27 de enero, luego de la dolorosa pérdida del Comandante Paco Cabrera, destrozado accidentalmente por una hélice del avión, a punto de despegar hacia Cuba.

Pero de su periplo de aproximadamente 90 horas en Caracas también quedaba el recuerdo del paso de Fidel por allí, por el distrito 23 de Enero: un recorrido que entre tanto acto grande los periódicos apenas recogieron, salvo por la foto y el breve pie publicados por El Nacional el día 25: “En la tarde de ayer, el líder Fidel Castro, deseoso de estar en contacto directo con las masas populares, efectuó una visita a la plaza oeste del 23 de enero, en donde fue aclamado por miles de venezolanos, tal como puede apreciarse en esta gráfica”.

Entonces, el nombre del barrio Sierra Maestra en el populoso distrito ¿se debió ciertamente al paso de Fidel por allí?

Comarca levantada a retazos, Sierra Maestra ha terminado siendo una suerte de asentamiento espontáneo con algunas viviendas confortables y otras levantadas según las posibilidades de cada quien, en un crecimiento paulatino donde se adivina la mano de la familia: hoy un piso, mañana una placa…

Efusivos y cálidos, sus habitantes se parecen a los cubanos en el deseo de «servir», y en esa seguridad con que hablan de hechos que a lo mejor no vivieron, pero forman parte del acervo cultural e historiográfico de la zona. Eso hará más fácil pero también más complejo seguir el rastro de Fidel. (…)

«Sí, él pasó por aquí», asentirá cualquiera. (…)    

«Cuando Fidel vino no había nada de esto, solo los primeros bloques de lo que iba a ser una barriada “bien” inaugurada por Pérez Jiménez, y a la que él le había puesto 2 de Diciembre. Pero ya esta comarca era bien arrecha, y cuando lo derrocaron, la gente le puso la fecha en que lo echó. Desde entonces el distrito se llama así: 23 de Enero», cuenta Rito Liendo. (…)

 «Claro que Fidel pasó por aquí. Yo mismo hablé con él allá abajo, en la entrada», asegura José Suniaga, acompañado únicamente por sus memorias de 61 años, una buena parte de los cuales ha dedicado a la vida teatral y a la comunidad. (…)

«Aquí la juventud siempre fue luchadora, y ese día, al amanecer, había lo que llamamos en Venezuela “el bururú” de que él venía para acá, en caminata.

«En efecto, lo trajeron, y cuando pasó justamente frente a esta calle, vio el edificio y se detuvo ante él. Una muchedumbre lo acompañaba.  Los muchachos que estábamos aquí nos entusiasmamos mucho, y yo sin ton ni son, me dirigí a él.

«“Comandante, la juventud y los habitantes de este edificio queremos que usted le ponga nombre a este sector”».

«-Bueno, estamos frente a El Ávila, y aunque El Ávila es un gigante ante la Sierra Maestra, me la recuerda. ¿Les gustaría a ustedes que se llamara Sierra Maestra?».

«Un momentico, déjeme preguntar- le pedí, y me dirigí a todos. ¿Les gustaría a ustedes que se llamara Sierra Maestra?

«Y todo el mundo respondió al unísono: Sííí! (…)

Vuelta a la calle Real en busca ahora del sitio donde, según los vecinos, Fidel habló (pese a que del supuesto discurso, no se había hallado ningún reflejo en la prensa).

Un poco más arriba aparece El Deportivo, como le llaman todos y, detrás, una suerte de escenario de cemento, rodeado de balaustradas.

Un grupo de hombres que juega dominó en la esquina, asevera que esa es la tarima.

Pero con la afirmación se abre otra interrogante porque vuelve a aflorar la leyenda: «!Claro, es esa tribuna que está detrás del gimnasio. Ahí habló Fidel. ¡Ah! ¿Y no sabe que ese Centro Deportivo también lo inauguró él?»















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