La de Javier Pacios es una de las familias destrozadas por el brutal acccidente de Adamuz. Su figura se ha hecho conocida estos días por poner rostro a la desesperación de quienes aguardaban la dramática confirmación del destino de sus seres queridos que viajaban en los dos trenes siniestrados. Buscaba a su cuñado , Agustín Fadón , que era trabajador del vagón-cafetería del Alvia Madrid-Huelva que acabó chocando con el Iryo Málaga-Madrid. Javier atiende a ABC este jueves después de que en la tarde del miércoles «a las 16.55 horas en el centro cívico [las instalaciones municipales habilitadas para atender a las familias] la Policía Judicial nos informó » de que habían identificado el cuerpo de su cuñado como uno de los fallecidos. Él y el resto de su familia permanecerán unas horas más en Córdoba, explica. Porque, continúa, «los padres de Agustín han decidido que lo van a incinerar ». «No le quieren ver en el sentido de que no saben cómo va a estar. Mi suegra tiene el recuerdo de que se fue de casa, se despidió de su gata y se marchó tan feliz y no quiere ver el cuerpo». «Lo que quieren es recoger las cenizas, lo que haremos esta tarde», dice. «Luego, esta noche nos iremos a Alcaudete, el pueblo de mi suegra. Y este viernes volveremos a Madrid ». «Estamos mal», asegura, si bien «ahora estamos todos arropados con familiares y amigos; vamos hablando, recordando de él, contando anécdotas...». «Pero lo peor será cuando volvamos a Leganés , el día a día. Lo peor va a venir ahora», confiesa. Porque, afirma rotundo, esto « ha sido un palazo muy gordo ; una tragedia ». Se da la circunstancia de que Agustín había salvado la vida de otra tragedia ferroviaria hace 13 años, la de Angrois (Santiago de Compostela) : «Cambió el turno con un compañero, que falleció en ese accidente. Porque quería ir a ver a unos familiares a Granada. Y fíjate...» Acaba pidiendo que se esclarezca lo que sucedió en la colisión de estos dos trenes. Pero de inmediato se muestra escéptico sobre que ello suceda: «¿Quién asume en este país responsabilidades? Nadie. Eso es lo triste de este país. No va a dimitir nadie». Muestra su deseo de equivocarse: « Ojalá, rueden cabezas . Mi cuñado , que llevaba 18 años trabajando como tripulante de Renfe, ya venía avisando : que los trenes no estaban bien. Decía que no podían poner un café, porque la cafetera no paraba de vibrar. Esas imágenes de vibraciones en los trenes ya se han visto, además, en los medios».