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Trump pincha el globo del gasto militar de Sánchez

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Se acabó el tiempo de la diplomacia de sonrisas y de las interpretaciones optimistas. Ayer, en Davos, el presidente de EE UU, Donald Trump, volvió a lanzar un órdago contra el Gobierno de Sánchez y acusó a España de vivir del resto por negarse a subir el gasto en defensa al 5%: «España quiere viajar gratis». Lo que Moncloa quiso leer como una «broma» informal hace unos meses, en Sharm al Sheij, se ha transformado entre las nieves de Davos en una amenaza real para la posición de España en el mundo. Trump lleva desde el inicio de su segundo mandato poniendo al país en su punto de mira y ha querido hacer ver que está listo para apretar el gatillo desde la presentación de su «Junta de la Paz», al hilo de su viaje a Suiza.

La fractura transatlántica que comenzara con las presiones sobre el presupuesto de la OTAN, y que ha continuado con el intento de anexión de Groenlandia, han virado para encontrar un objetivo preferente dentro de la nueva e indecisa doctrina de Washington: el gasto militar de España. Aunque parezca que están buscando un cabeza de turco para enderezar a toda la Alianza Atlántica, lo cierto es que los motivos van más allá de una simple hoja de cálculo presupuestaria.

Para Trump, España es una «gorrona» en la OTAN e insiste en seguir sugiriendo abiertamente que deberíamos ser castigados, cruzando así una línea roja que separa al aliado del enemigo. La amenaza plantea un aislamiento de España y una guerra comercial en la que hay un claro perdedor antes de comenzarla.

Mientras la diplomacia española trata de apagar el fuego con cubos de agua, Trump escupe gasolina sobre el incendio de un gasto del PIB del 5% en Defensa que resulta una misión imposible.

España, que con esfuerzo y pactos con la OTAN aspiraba a llegar al 2,1% mediante una hoja de ruta progresiva, se ha topado con un muro. Para Washington, aumentar el presupuesto con créditos a la industria y misiones de paz es una ingeniería financiera que tiene poco sentido a la hora de la verdad. Sin embargo, España parece no estar en disposición de desarticular su modelo de bienestar en favor del presupuesto en Defensa. Otros países, como Francia, también se han visto amenazados e incluso obligados a subir el precio en cuestiones fundamentales como los medicamentos.

Detrás de todo esto, el gran condicionante es que Trump no quiere que España gaste en Indra o en Airbus, quiere que compre material estadounidense. La renuncia a comprar los cazas F-35B embarcables, y priorizar la soberanía industrial europea sobre el plan americano, han hecho que seamos vistos como un competidor desleal que se aprovecha de las ventajas de la OTAN, pero que realmente ignora sus obligaciones con el núcleo hegemónico.

De esta manera, en su momento ya se llegó incluso a hablar de una posible expulsión de la OTAN, algo casi imposible de llevar a cabo de forma legal, pero que cobra sentido en un mundo en el que la legalidad es papel mojado. Incluso los mentideros señalaron la posibilidad de negarnos el derecho al amparo al Artículo 5 en caso de sufrir una agresión. Es decir, estaríamos en una zona gris dentro de la OTAN donde no tendríamos derecho a que el resto de países nos defendieran en caso de agresión. En cualquier caso, España tendría que invertir mucho más en defensa si estuviera fuera de la OTAN, aunque podría escoger con quién hacer los tratos, eso sí. Por ello, la situación es extremadamente delicada y parece que Trump, tras su aventura groenlandesa, ha vuelto a un cabeza de turco conocido para mantener sus aliados europeos bajo aviso. El dirigente norteamericano ha sido claro: «Tendremos que hablar con España».

Paralelamente, España ha sido invitada a la Junta de Paz, pero para ello tendrá que pagar 1.000 millones de dólares a un fondo controlado por Trump. También existe un modelo de membresía rotatoria de 3 años, sujeto a invitación y aprobación personal del presidente.

En caso de aceptar y pasar por caja, España compartiría asiento con la Hungría de Orbán, la Argentina de Milei, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Israel. Esto ha sido rechazado por algunos países europeos, como Francia, que declinó participar por principios, mientras que Reino Unido mostró una cautela inicial. Ante la negativa francesa, la respuesta de Trump fue amenazar con un aumento de los aranceles en productos clave.

Sin embargo, eso no ha parecido convencer a los ejecutivos europeos, visiblemente molestos y en pie de guerra tras las ambiciones americanas en Groenlandia. Es por ello por lo que la situación se mantiene tensa y todo apunta a que España no participará tampoco, estirando todavía más la cuerda que unía a nuestro país con la primera potencia mundial.

De hecho, de entre todos los líderes europeos, solo el húngaro Viktor Orbán estuvo presente.

Ante esta situación tan peliaguda parece estar claro que Trump ha escogido a España para ser el centro de sus miradas, pero no se puede olvidar que, como socios de pleno derecho de la Unión Europea, el país estaría bajo el paraguas de una administración que cada vez está más exhausta por los cambios de guion que marca el presidente estadounidense.















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