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Cuando Maceo cabalgó hasta Mantua

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Pinar del Río.— «Ya estaba el pinareño arma al brazo, para defender los principios de la libertad, que a la vez representaban los principios de la propia redención. Oriente y Occidente, que poco há eran dos polos diametralmente opuestos, se unían en íntimo lazo de parentesco por la virtualidad de una aspiración común. El hijo de la sierra y el ribereño del Cauto fraternizaban con el montañés del Pinar y con el veguero del Cuyaguateje. ¡Hermosa conquista de la Revolución!».

Así recoge José Miró Argenter en Crónicas de la Guerra sus impresiones sobre la invasión a Occidente, y deja explícito que con aquella hazaña, protagonizada por Antonio Maceo y la columna invasora entre el 22 de octubre de 1985 y el 22 de enero de 1986, se rompía el regionalismo que había hecho mella en las aspiraciones independentistas de la nación.

El nombre del Titán de Bronce se había adelantado a sus caballos y los vegueros de Pinar del Río lo esperaban ansiosos.

Determinantes los jóvenes

Guarda la historia nombres como los de los hermanos Lazo, los Báster, los Abascal, Policarpo Fajardo e Isabel Rubio, quienes tuvieron la responsabilidad de preparar el camino para las tropas mambisas. El Regimiento de Vueltabajo también demostraba su valía.

«Maceo es el primero en aquilatar la valentía y tenacidad de los pinareños», aseguró a JR, Juan Carlos Rodríguez, historiador de la ciudad de Pinar del Río, en entrevista realizada cuando se cumplían 120 años del memorable hecho.

Carlos Socarrás y Juan Delgado estaban listos para guiar a Maceo desde el ocho de enero. Otros grupos pertenecientes a la columna invasora habían llegado a territorio pinareño con antelación. En solo dos semanas, la invasión llegaría a su punto final en Mantua.

Las tropas mambisas tomaron Bahía Honda, las Pozas, destruyeron los embarcaderos del Norte y el Muelle de Gerardo. Una vez en La Palma llegaron hasta Laguna de Piedra y regresaron a Caiguanabo. El 14 de enero Maceo ya estaba en el poblado de Pilotos.

En el Museo Provincial se atesora un pañuelo que en ese sitio una señora obsequiara al Titán y que este llevara en su cuello hasta Mantua. A su regreso tuvo la delicadeza de devolverlo.

La noche del 16 de enero Maceo acampa en Paso Viejo. Aún no sabe si debe o no atacar la ciudad: «Le falta información de inteligencia, no sabe qué fuerzas hay en la capital provincial, despueblan la ciudad, vienen voluntarios de San Luis y de San Juan, toman el teatro Milanés de Cuartel General. Lo que es hoy el Palacio de Pioneros, el edificio del Campesino, se convierte en una fortificación; refuerzan el ferrocarril, y Maceo decide pasar a tiro de fusil frente a la ciudad; los flanqueadores la circunvalan. Maceo sigue por el sur y acampa en Las Taironas. Allí tiene lugar, el 17, el famoso combate, que es una de las acciones más importantes», explicó Rodríguez Díaz.

Todo el territorio vueltabajero era un hervidero. El 18 en Río Sequito ocurrió otro enfrentamiento de gran envergadura y el 19 en San Luis tuvo lugar el combate de Tirado, que culminó en el perímetro de San Juan y Martínez, cerca de Guacamaya. El fuego, cuenta el historiador, fue comparado con los de Peralejo y Calimete.

Toda Cuba en armas

El 20 Maceo llegó a Guane y el pueblo lo recibió con campanas al vuelo, vítores y una banda militar que no se escuchaba por encima de la algarabía. Dos días estuvo haciendo diligencias, resolviendo pendientes, entre ellos, el pago de sueldos atrasados a los maestros. Cumplía en esa tierra la frase de Gómez: «Nuestros caballos abrevarán en el Cuyaguateje».

El 22 de enero entró a Mantua con el Regimiento de Vueltabajo al frente, como él mismo lo había ordenado y ese día se firmó el acta que marcó el fin de la invasión. Todo el país estaba en pie de guerra.

Aunque quedaban acciones por hacer, el objetivo estaba cumplido. El país entero estaba en pie de guerra. Pinar del Río no era menos que Oriente. La participación fue masiva, los jóvenes se lucieron.

En solo 90 días recorrieron 1 800 kilómetros, desde Mangos de Baraguá hasta Mangos de Roque. En ese tiempo, el Ejército Libertador sostuvo 27 combates, derrotó a 200 000 soldados españoles y ocupó 22 pueblos importantes.

Oriente y Occidente demostraban que toda Cuba era una sola y sus hijos se dieron la mano en una conquista que fue, sin duda, la acción militar más audaz de la centuria.















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